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Aunque la justicia es ciega, llegará

Después de diez meses, los venezolanos ven agravadas la inseguridad, el desabastecimiento, la escasez y la violación de derechos humanos.

La violación de derechos humanos, delito que no prescribe, es la causa de las sanciones que ejercerá Estados Unidos contra funcionarios venezolanos

La acera palpita calor, pesa en el asfalto todo el sol del día.

La gente se agolpa en la entrada de un supermercado en la avenida Francisco de Miranda, en Caracas, donde ha llegado algún producto, uno de los desaparecidos de los anaqueles desde hace semanas.

Los ánimos de los que esperan resignados, no ayudan a sobrellevar la situación. Esta tarde venden azúcar y compotas.

Algunos comerciantes deben llamar a los agentes de la policía para evitar el caos o, en el peor de los casos, custodiar sus comercios.

Mientras en Estados Unidos, el presidente Barack Obama promulga una ley que sancionará a los funcionarios del gobierno del presidente Nicolás Maduro, acusados de violar los derechos humanos de quienes manifestaron en su contra en Venezuela, entre febrero y mayo pasado.

Mario Bebilacqua, un estudiante de comunicación social de 18 años, trata de alcanzar la calle evadiendo a los que se amontonan ante la puerta del supermercado.

Al ser abordado para pulsar su opinión sobre las sanciones aprobadas por Obama, responde recordando lo que le sucedió cuando fue convocada una movilización en apoyo a la diputada opositora depuesta María Corina Machado.

“Yo fui impactado por una bomba lacrimógena de la Policía Nacional el primero de abril en Caracas”, recuerda.

Bebilacqua lleva en su frente una cicatriz de 19 puntos que le recordará, por siempre, la represión de la policía durante las protestas en Venezuela contra el gobierno de Maduro. Su mirada aunque es esquiva, muestra una rabia contenida.

“Estados Unidos tomó la decisión correcta”, remata Bebilacqua.

Por su convicción de un país diferente no se ha convertido en emigrante. Sigue su camino y desaparece entre la multitud que sale de las oficinas en el momento en el que termina una día más de trabajo.

El remolino de personas yendo y viniendo con bolsas, es síntoma de una ciudad que busca refugiarse antes de que caiga la noche, pues ésta la deja aún más expuesta ante la inseguridad.

Hay quienes evaden hablar del tema de las sanciones porque son funcionarios públicos y siguen, apurados, su camino.

Pero las plazas parecen ajenas a esa prisa.

Son, por excelencia, el lugar obligatorio de encuentro de quienes pertenecen a la llamada tercera edad.

Al caraqueño le gusta hablar, expone sus ideas, siente que tiene que decir lo que piensa.

Silfrido Gómez, un músico de 63 años, aplaude la medida que tomó Estados Unidos para sancionar a funcionarios venezolanos acusados de violar derechos humanos.

“Todo el que la hace tiene que pagarla, los ladrones, los que están perjudicando al país…”.

La ley del Talión planteada en el siglo XXI.

Pero no todo el mundo ve las cosas igual. Mabel Marimón, una trabajadora residencial de 57 años, advierte que cada país es libre de ejercer las leyes que quiera, pero dentro de su territorio.

“Que hagan lo que ellos [Estados Unidos] estimen conveniente en su país, donde ellos mandan”, sostiene Marimón.

Estos testimonios dibujan la polarización que se vive en las calles, aunque las más recientes encuestas revelan una caída en la popularidad de Maduro, desde abril de 2013 a noviembre de este año, de casi 25 puntos.

Durante las protestas registradas entre febrero y mayo asesinaron a 43 personas. Al menos 38 casos de tortura fueron denunciados ante la ONU. Ante el silencio de la mayoría de los medios de comunicación social, las redes sociales dieron cuenta, en ese momento, de terribles escenas vistas en videos grabados por aficionados.

La inseguridad, el desabastecimiento, la escasez fueron las razones que movilizaron esas protestas.

La incapacidad del gobierno, de dar solución a esos problemas, encontró una sola salida: la represión.

Desde entonces y hasta ahora viene bajando por una empinada pendiente una avalancha que el gobierno de Maduro, heredero del chavismo, pareciera no tener cómo detener: pagar por las violaciones de derechos humanos.

La Corte Penal Internacional espera con paciencia.

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Venezolanos con las alas cortadas

Cada vez son menos los venezolanos que tienen posibilidades de salir de Venezuela.
Cada vez son menos los venezolanos que tienen posibilidades de salir de Venezuela.

 

Mientras veo impaciente la pista por la ventanilla del avión me invade la incertidumbre de cuándo podré viajar de nuevo fuera de Venezuela.

Sentir que estoy a pocas horas de mi hogar, Caracas, me obliga a hacer un balance la aventura que significa hoy en día salir al extranjero desde Venezuela, la serie de obstáculos que hay que sortear, los trámites que hay que cumplir, y las cosas en que hay que pensar. Ciertamente salir al extranjero se ha vuelto un privilegio, pero es una prerrogativa muy cercana a la pesadilla.

Para comenzar las aerolíneas han reducido la frecuencia de sus vuelos a Venezuela, así como el número de sus asientos disponibles. En el peor de los casos, algunas simplemente dejaron de volar a este país sin ofrecer a los venezolanos opciones para poder viajar, ya sea por negocios, porque van a visitar a un familiar o simplemente porque todavía tienen la posibilidad de disfrutar de vacaciones.

El gobierno le debe a las aerolíneas internacionales unos $4 mil millones de dólares por operaciones en Venezuela durante los últimos dos años, pero las empresas no han podido repatriar su dinero por el estricto control de cambio del país impuesto desde el año 2003.

Ese es otro tema del que también podría escribir cientos de líneas para dibujarles la realidad de Venezuela, porque tiene efectos negativos sobre la comida que no se consigue, los medicamentos que hay que buscar por diversas farmacias, etc. Pero les prometo que de esto les contaré más adelante.

Cuán difícil es conseguir un pasaje, se preguntarán. Pues un pasaje Nueva York-Bogotá costaba en mayo $540 dólares, y uno, Nueva York-Caracas, $5.000,00. Solo que ahora no hay oferta de boletos.

Para ir a mi destino, en un viaje que pude haber efectuado en ocho horas, invertí tres días, haciendo dos escalas, con los correspondientes costos de alojamiento que casi superan la asignación de los dólares otorgados por el estado para viajar, porque hasta lo que se puede consumir en el extranjero es controlado al venezolano.

El gobierno decide cuántos dólares —que tú pagas de tu bolsillo— puedes gastar fuera; dependiendo del destino tienes acceso a más cantidad: si vas a Miami, $700 dólares, pero si vas a Cuba te permiten consumir la totalidad de los $3.000 dólares del cupo anual que te asignan ¿Curioso, no?

¿Quieren sorprenderse aún más? La logística que implica salir de Venezuela también tiene sus dificultades. Si el vuelo sale a las 7:00 de la mañana hay que estar a las 3:00 de la madrugada en el aeropuerto que queda a 38.1 kilómetros de Caracas.

Salir de noche en Caracas implica un riesgo, si tomamos en cuenta que la inseguridad tiene secuestradas las calles de Venezuela.

Eso obliga, a quien puede, a tomar previsiones como viajar la tarde anterior, quedarse en un hotel cerca del aeropuerto para estar las cuatro horas previas que la agencia de viaje sugiere llegar, sin poner en peligro la vida.

Tan sólo en el mes de septiembre fueron asesinadas 423 personas en Caracas, según las cifras que publica la prensa venezolana, porque tampoco hay acceso a las cifras oficiales.

El asunto de viajar es tan complicado que va mas allá de despegar, llegar a destino y disfrutar. Los venezolanos que todavía podemos salir al extranjero no perdemos la oportunidad de regresar con lo que no hay en el país.

En condiciones normales el equipaje de un venezolano vendría lleno de ropa nueva, zapatos y el perfume de última moda. Ahora las maletas están cargadas de las medicinas que no se consiguen y que pueden comprarse sin receta médica.

Para que tengan una idea, mi maleta viene llena de acetaminofén, un analgésico de venta sin prescripción, recetado para tratar dos de las epidemias que en la actualidad mantienen en vilo a 45.745 personas que padecen dengue y 398 por chikungunya, en lo que va de año, según cifras del gobierno.

Los laboratorios han informado que la escasez de medicamentos en muchos casos llega hasta un 50%. ¿La causa? La misma crisis cambiaria que afecta la compra de pasajes aéreos.

En todo eso pienso ahora que faltan sólo tres horas para llegar a Bogotá, donde esperaré hasta el día siguiente para tomar otro vuelo hacia Caracas a reencontrarme con mi realidad.

Lo más paradójico es que todo esto sucede en un país como Venezuela que ha disfrutado de un largo período de altos precios en el barril de petróleo.

Y no sé cuándo volveré a salir de Venezuela, al menos por un buen tiempo.

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¿Navidades felices?

En las tiendas de Venezuela no se consiguen los juguetes de moda.

La navidad es momento de celebración y de regalos, pero en Venezuela el desabastecimiento y un control de cambio inadecuado frustran a quienes desean mantener la tradición.

Diciembre es la época más feliz para quienes festejan la tradición de la navidad, en la que algunos esperan la llegada del Niño Jesús y otros la de San Nicolás, y con ellos, los esperados regalos.

Al menos eso es lo que se supone.

Pero este año, a causa de la escasez y la crisis económica que vive Venezuela, esa emoción significa para algunos gastar más de lo que se tiene, y para otros incluso hasta lágrimas.

Una juguetería es el mejor lugar para conocer lo que pasa.

Olga Figuera, una mujer de más de 50 años, recorrió casi 500 kilómetros, desde Maturín, al oriente de Venezuela, hasta Caracas, solo para comprar el regalo de navidad de su nieta.

“Vine a esta juguetería porque sabía que aquí encontraría la muñeca. Donde vivo no la hay”, dice Figuera.

Al relatar su experiencia buscando el regalo, Figuera hace un esfuerzo por contener las ganas de llorar.

“Estoy pagando $28,23 dólares por la muñeca, es demasiado cara pero eso fue lo que mi nieta pidió, y estoy gastando la mitad de mis aguinaldos para comprarla”, relata Figuera acongojada.

La ley venezolana garantiza para todos los trabajadores a final de año una bonificación laboral mínima de 30 días de salario, o aguinaldo.

El vendedor de la juguetería, Carlos Romero, cuenta que la mayoría busca de regalo para niñas un muñeco que tiene un enorme parecido con un bebé, que cuesta el equivalente entre $14,70 y $34,70 dólares.

Este año el gobierno del presidente Nicolás Maduro decretó las “Navidades Felices”, un plan que inició el 1 de noviembre para fiscalizar la venta de alimentos, juguetes, ropa, calzado, electrodomésticos y artículos de ferretería “a precios justos”.

El superintendente de Precios, Andrés Eloy Méndez, ha dicho que el operativo se enfoca en esos rubros porque “estas son las seis áreas donde nuestro pueblo sale con sus aguinaldos de noviembre y diciembre para atender las necesidades de la familia”.

Sin embargo, Romero está consciente de que estas navidades “los precios de los juguetes se elevaron en exceso, pero pagan por ellos igual”.

En Venezuela el 80% de lo que se consume es importado, según estimaciones del sector privado.

Una pistola, que tiene un valor equivalente a $12,90 dólares, o unos muñecos convertibles, que varían según su modelo entre $14,40 y $35,20 dólares es la tendencia en regalos para los varones.

Hasta final de noviembre tenían sistema de apartado para los juguetes. De esta forma la persona podía ir abonando dinero a través del tiempo hasta completar el monto total del costo del juguete.

“Mucha gente comenzó a apartar desde enero por la escasez y también para garantizarse un buen precio”.

Pero asegura que para esta fecha es muy difícil conseguir los juguetes que más tienen demanda.

“De ese muñeco, que me llegaron 24, en día y medio ya no me quedaba ninguno”, dice Romero, testigo de cómo la mayoría de sus clientes compra solo con tarjeta de crédito para financiar el gasto que significan los regalos de navidad.

Swarny Olivero es cajera en una peluquería, donde gana salario mínimo.

Su hija de seis años también le pidió al Niño Jesús el muñeco de moda, y una tableta “pero de verdad”, recuerda Olivero las palabras de su pequeña.

“Tenía una tableta nueva guardada porque en enero, con el cupo de dólares, compré por internet una que me costó $200 dólares, para luego venderla y ganar así algo de dinero, pero no conseguimos comprador. Así que decidí darle esa, porque nueva, si la consigues, cuesta el equivalente a 235 dólares”, explica Olivero.

Desde 2003 existe control de cambio en Venezuela, con tres tasas diferentes. Aunque la oficial es de 6,30 bolívares por dólar, está reservada solamente para importar alimentos y medicinas.

Anualmente, el gobierno concede a las personas un cupo de $3.000 dólares para efectuar compras electrónicas y gastos en el extranjeros a través de la tarjeta de crédito.

Más allá de esa asignación, la mayoría de los venezolanos deben recurrir al mercado negro, donde el valor del dólar aumenta sostenidamente. Esta última semana aumentó tan solo en cuatro días de 160 a 170 bolívares por dólar.

A Olivero todavía le falta comprar el muñeco, que cuesta más que el salario mínimo, unos $28,75 dólares a tasa de mercado negro.

“Ella tiene seis años, cómo le digo que no tengo dinero para comprarle el regalo que le pidió en la carta al Niño Jesús”, dice Olivero resignada.

Al gobierno, parece olvidársele que las emociones no se decretan y los adultos hacen a veces hasta lo impensable a costa hasta de deudas que después no pueden pagar, para recibir una sonrisa de un niño complacido porque recibió su ansiado regalo de navidad.

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La siembra del cuatro

El maestro Cheo Hurtado, promotor de la Siembra del cuatro.

En medio de la crisis que vive Venezuela, la música ejecutada con el cuatro, hace a quien la escucha por un momento, comprender todas las riquezas que tiene este país, que básicamente radican en su gente.
Dicen que la música es bálsamo para el alma. Pero para algunos es la razón de ser de su vida. Con más razón en esta época de crisis.

Eso lo demuestran los que agarran el instrumento venezolano por excelencia, conocido como “cuatro”, quienes con sus manos hacen volar a quienes los escuchan tocar.

Hace poco en un teatro de Caracas, en el escenario estaban dispuestas las sillas, y uno a uno se fueron incorporando los músicos, mientras Cheo Hurtado contaba la historia de cómo se creó su proyecto más preciado: “La Siembra del Cuatro”.

Esa noche, el proyecto celebró 10 años ininterrumpidos sembrando cuatros.

“La Siembra del Cuatro” parafraseó el título de un artículo periodístico escrito por el intelectual venezolano Arturo Uslar Pietri en 1936, donde planteaba redirigir la renta petrolera a sectores que contribuyeran al desarrollo integral del país en el futuro. Eso no sucedió.

En Venezuela, el cuatro representa la esencia de la música popular tradicional. Desde el punto de vista físico y musical es una guitarra. Tiene forma de ocho, cuatro cuerdas, y tapa plana. Pero para Hurtado, quien habla de él en el escenario, el asunto va más allá.

“Para mí es el puente constructor de la sociedad venezolana. Lo veo así porque sus cuatro cuerdas para mí son el la de la paz, el re de la reconciliación el fa sostenido que es el fa de la familia y el si positivo que es lo que necesitamos todos en este país. Ese es el cuatro”, sentenció justo antes de que terminaran de sentarse en las sillas los otros cuatristas.

Pero en el caso que nos ocupa, “La Siembra del Cuatro” ha rendido muchos frutos.

Maestros músicos de la talla de Hurtado se han dedicado a sembrar el cuatro y promover el surgimiento de talentosos músicos venezolanos.

En ese escenario, producto de la cosecha, estaban Fermín Deyán, además del dúo Guasak4, integrado por Héctor Medina y Daniel Requena.

Asimismo, se hizo presente el C4 trío, integrado por Jorge Glem, Héctor Molina y Edward Ramírez, tres jóvenes venezolanos que participaron en la siembra del cuatro en 2004 y 2005 y quienes recibieron su primer Grammy Latino en la categoría mejor grabación.

A modo de broma, pero presintiendo su triunfo, Hurtado los presentó a ellos como su Grammy personal.

La Siembra del Cuatro es así de literal. Pasa por sembrar madera como el cedro, el pardillo, el zapatero para que luego los luthiers fabriquen los cuatros.

Pero también por llevar el cuatro a las escuelas y una vez al año, desde 2004, convocar un concurso internacional, en el que se cosechan esas semillas sembradas, los ejecutantes, que demuestran sus destrezas con el instrumento musical.

Al igual que Hurtado, en Venezuela muchos crecen con un cuatro en la mano, pero hasta ahora pocos habían tenido la posibilidad de seguir creando melodías con ese instrumento. Son 300 los cuatristas que han sido ya cosechados.

La Siembra del Cuatro recibe apoyo del estado y de la empresa privada, asuntos que en otras esferas de la vida venezolana parecen irreconciliables.

Una vez todos cuatro en mano, la música comenzó a sonar. Los cuatristas charrasquearon de una forma tan magistral, casi imposible de describir con palabras.

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El turno de Cheché

Cheché Díaz un venezolano más víctima de la inseguridad

A diario en Venezuela la inseguridad mata, mutila vidas de hombres y mujeres que salen a vivir, o por qué no, a sobrevivir. En el caso de Cheché Díaz, fue diferente, y hoy puede contarlo.

La mayoría de los venezolanos, especialmente los caraqueños, al salir de su casa a diario han pensado al menos una vez: “salgo vivo y no sé si regreso”. Así de dramática es la realidad de quienes conviven con la inseguridad como una sombra de la que no pueden escapar. Y así de dramática se volvió la de Cheché Díaz, después del 30 de septiembre.

Esa tarde, al salir del periódico, donde trabaja como fotógrafo, no pensó que iba a ser protagonista de su propia crónica roja.

Cheché es un hombre flaco pero atlético. Caminaba pasadas las seis de la tarde con tres amigos más hacia el metro por el sector San Martín, en el oeste de Caracas. Decidieron tomar una ruta diferente a la habitual —y eso, aunque sin él saberlo marcaría su vida para siempre.

Cuando iban a cruzar la calle los sorprendió una pareja que se desplazaba en una moto y en la proximidad de la acera el parrillero los apuntó con un revólver .38 para robarles los teléfonos celulares.

—Mis amigos de inmediato le entregaron los teléfonos al que apuntaba con el arma. Yo estaba parado frente al ladrón, no tendría más de 18 años y se notaba drogado. Tenía el revólver tan cerca que veía cómo le temblaba el pulso. Yo venía muy cargado de energía a causa del grave problema de la delincuencia que vivimos y, sin pensarlo, cuando hice el movimiento para sacarme el celular del bolsillo, le cogí la mano con la que sostenía el arma y comenzó el forcejeo.

Solo fueron segundos los que pasaron entre los que sonó la detonación y Cheché y el ladrón cayeron al suelo, pero todavía él lo tenía agarrado por la mano que empuñaba el arma.

—No sé de dónde saqué fuerzas hasta que lo dominé y logré apuntarlo con el revólver y el conductor de la moto comenzó a aplastarme la cabeza contra el piso con su pie para que soltara el arma.

El disparo alertó a los vecinos de los edificios de la calle que comenzaron a gritar y a lanzar botellas desde las ventanas. Los ladrones decidieron escapar y Cheché quedó tirado en el piso.

En cualquier país donde las instituciones funcionan habría recibido atención inmediata luego de que se levantó del piso y se cayó nuevamente por no poder sostenerse en pie.

Hasta la estación del subterráneo, a unos 500 metros lo llevaron sus amigos buscando ayuda con la policía que allí se encontraba. No pudieron trasladarlo porque no había una patrulla.

—Sabiendo que tenía la bala comencé a sentirme mal y comencé a marearme con escalofrío y pensé: “¡voy a morirme aquí, me voy a morir!”.

Fue trasladado con un carro de su trabajo a una primera clínica pero no lo atendieron porque “no recibimos heridos de bala por un tema de seguridad”, le dijeron. Llegaron a una segunda clínica donde fue asistido casi una hora después de recibir el tiro.

Casi tres semanas después, recuerda el hecho con una mezcla de risa y sabor amargo.

—Al principio pensé que había sido una irresponsabilidad de mi parte. Hubo gente que me regañó, pero nadie sabe cómo va a reaccionar ante una situación como esa. Es mentira que tú le vas a entregar tus pertenencias al ladrón y todo acaba. Porque si no corres con suerte y está drogado o de mal humor, también querrá robarte tus zapatos, tu ropa y tu vida.
Para muchos venezolanos, víctimas de la inseguridad, el consuelo es pensar que las situaciones suceden por algo, al menos para Cheché. La vida le ha puesto esta prueba para pensar en su futuro y su destino en Venezuela. Ahora se dedica a la rehabilitación de su pierna, pero también a trabajar sobre la idea que le surgió de su tragedia.

—Los malandros siempre nos quitan cosas, pero también nos dejan algo, como en mi caso, que tengo una bala alojada en el cuerpo.

A mis amigos les quitaron el celular y a mí me dieron un tiro en la pierna. Ahora se ríe y dice que es un hombre biónico y que cuando esté en un aeropuerto sonarán las alarmas porque tiene un metal dentro de su cuerpo.

—Eran jóvenes, no van a hacer otra cosa, no van a dejar de drogarse, porque siendo delincuentes para ellos es la mejor forma de sobrevivir y lo van a seguir haciendo. Luego me entero que han atracado a gente que conozco, o por amigos, de personas que han muerto cuando las atracan y ha sido muy duro. Yo pude haber estado muerto, pero no van a poder contra mí.

Ahora la pierna evoluciona pero con un proceso de rehabilitación.

—Yo salía de mi casa a trabajar y no pensaba en el hecho de si podía volver o no, ahora pienso si realmente voy a volver a casa, si no voy a enfrentarme otra vez a una situación como esta. Cuando veo ahora a los motorizados siento miedo, pienso que me van a perseguir. El de la pistola no tenía más de 18 años, me dio la impresión de que rea un principiante. Sus movimientos delataban a alguien que estaba siendo puesto a prueba.

Le fue muy mal porque solo se llevaron los dos teléfonos de mis amigos y se quedó sin revólver. No me miraba a los ojos, sino a las manos, viendo nuestros movimientos.

El otro era más decidido, mayor, que le daba órdenes al otro.

Pero en su caso su tragedia le dio una idea para un proyecto que hoy día lleva a cabo. “Los malandros siempre nos quitan cosas, pero esta vez, nos dejan algo, como en mi caso que tengo una bala en el cuerpo”.

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Machado: “El gobierno de Maduro está desesperado”

María Corina Machado insiste en que la salida debe ser la renuncia del presidente Maduro.
María Corina Machado insiste en que la salida debe ser la renuncia del presidente Maduro. (Foto: Aymara Lorenzo)


La dirigente opositora venezolana María Corina Machado, acusada por el gobierno venezolano, asegura a la Voz de América que continuará luchando por la democracia, incluso desde la cárcel.

Pareciera ser un objetivo político del gobierno de Venezuela, por los diversos señalamientos hechos en su contra. Pero María Corina Machado, una venezolana de 47 años no se siente amenazada por los intentos de reducirla, políticamente, que ejerce el gobierno del presidente Nicolás Maduro. La Voz de América conversó con ella y asegura que hoy están más vigentes que nunca las razones para promover una “salida”.

¿Cómo califica la justificación que hace la Fiscal General de la República sobre la violación a la ley para lograr la interceptación de correos electrónicos que se hicieron de sus cuentas de correo y se presentaron como pruebas de un intento de magnicidio y golpe de estado? Según ella se trata de asunto de seguridad de estado la vida del presidente y la seguridad del gobierno.

Es una confesión. Es una confesión del grado de confabulación que existe en los poderes públicos para crear, construir situaciones falsas, desprovistas de credibilidad alguna, para aniquilar, callar las voces y disuadir a todo espacio de disidencia frente a un régimen que avasalla. En segundo lugar, es una confesión de la desesperación de un régimen que está consciente del colapso del país, de la caída libre del apoyo al régimen del señor Maduro, y del terror que le tienen a la sociedad organizada y fundamentalmente a la verdad, porque se trata de terror a la verdad.

¿Cree que la relación establecida entre el presidente Maduro y sus gobernantes está sustentada en el miedo, y no en el respeto y creencia, como la que pudiera haber existido con el expresidente fallecido Hugo Chávez?

En Venezuela lo que hay en este momento es desesperación. Cuando el señor (Jorge) Rodríguez dijo que en Venezuela había gente desesperada, yo lo creo absolutamente. El pueblo está desesperado porque termine esta pesadilla. Qué parte no entienden de que tenemos un país pasando hambre, que no hay medicinas, que no hay gas doméstico, que el sueldo no alcanza ni para comer, que nos están matando, que la impunidad es absoluta y que la corrupción es una bofetada diaria. Los venezolanos entendemos que estamos frente a un régimen que, para callar este descontento popular, decidió reprimir a toda costa y el país reaccionó con esta fuerza. Nuestro planteamiento en un inicio, en febrero de este año, fue dar razones para buscar un cambio por la vía constitucional. Hoy tenemos más razones porque el país se ha deteriorado aceleradamente en lo económico, en lo social, pero sobre todo en lo institucional. La reflexión se ha hecho evidente, alrededor del mundo se ha hecho claro que en Venezuela existe una dictadura, que reprime, que tortura y que censura a todos los medios de comunicación.

Pueden ser o no creíbles las acusaciones del gobierno, pero en el contexto de Venezuela, son serias, han sido respaldadas por la propia Fiscal, usted misma le ha dado respuesta con la denuncia que formuló ante el Ministerio Público. ¿Estaría dispuesta a someterse al sistema de justicia venezolano, en el que ni usted ni otros venezolanos creen?

En el que nadie cree, porque yo te invito a que me digas una sola sentencia de la Sala Político Administrativa donde se haya favorecido a un ciudadano frente al estado, ante un planteamiento que tenga connotación política. Obviamente que todo el sistema de justicia, como el resto de los poderes públicos, está a su servicio. Y desde luego yo no confío en la justicia, pero insisto, hay que dejar la denuncia, el registro, la evidencia de hasta dónde han llegado, porque va a haber justicia. Estas personas actúan como si de verdad fueran intocables, se sienten intocables, que nada ni nadie va a poder hacerlos responsables de lo que han hecho; desde robarse las medicinas de los venezolanos y que por eso se nos estén muriendo los bebés, acabar con las reservas económicas, destruir y arruinar PDVSA, o incluso ordenar matar manifestantes pacíficos. Jamás olvidaré la expresión que tenía el señor Diosdado Cabello cuando, justo hace un año, me golpearon y me patearon frente a él, y la mirada y su sonrisa eran de “a nosotros nada nos va a impedir avanzar porque somos intocables” Y eso es lo que transmitían durante la denuncia que hicieron de un supuesto plan magnicida. Esto sería risible, poco ridículo por mal ejecutado, si no hubiese sido por la gravedad de la acusación, por quien la formula, lo que ellos llaman el Alto Mando Político, desde el vicepresidente hasta el presidente de PDVSA. Desde luego, también hay que tomar en cuenta los precedentes, hay dos alcaldes presos por haberse negado a reprimir. Está Leopoldo López preso y tratado como terrorista y acusado como criminal. Lo que está ocurriendo es muy grave, y en particular elevo una voz a los demócratas del mundo, especialmente a los de América Latina, y a los gobiernos de nuestro hemisferio, porque la indiferencia es complicidad.

¿Tiene temor de acabar presa como ellos?

Cómo podemos hablar de miedo cuando hay estudiantes que tienen a sus compañeros detenidos, torturados, asesinados y siguen luchando en la calle; cómo podemos hablar de miedo cuando hay madres que estaban frente al Palacio de Justicia cuando asaltaron el “Campamento de la Resistencia” que no tenían ni siquiera cómo pagar un abogado privado o una fianza que requiere un ingreso de 12 mil bolívares al mes (equivalente a $1,904 dólares). Una de ellas me dijo que al principio lo atajaba para que no saliera a la calle; después se quedaba rezando y hoy después de lo que había visto era ella la que iba a salir a la calle con él. Esa determinación, demuestra el coraje que hay en el pueblo de Venezuela, y si algo debe llenarnos de terror es imaginar que nuestros hijos puedan crecer en una Venezuela donde no tengan futuro. Porque saben que salen a la calle y los matan, donde de nada sirve estudiar y formarse porque no hay cómo subsistir. Donde en vez de verse como hermanos se ven como enemigos porque han sembrado la discordia entre nosotros. Este es el momento de entender que tenemos la fuerza, y con una ruta y una visión clara, esa fuerza es la que nos va a llevar hacia la transición a la democracia, con la valentía y el coraje cívico que hemos demostrado los venezolanos en el pasado.

¿Cree que el anuncio que ha hecho la Fiscal de posibles privativas de libertad, restricciones de salida del país, es un adelanto de lo que el gobierno pretende hacer con las cabezas de la oposición?

No voy a especular sobre lo que estos señores son capaces de hacer. Lo que está claro es que están desesperados porque saben que cruzaron una línea roja, una linea de violación de Derechos Humanos y que el mundo los descubrió. En este momento este movimiento tiene miles de líderes. La unidad genuina que Venezuela requiere desesperadamente incluye a todas las organizaciones políticas, pero va más allá. Es una unidad de abajo hacia arriba que incluye a todas las que han surgido en estos meses de lucha. Podrán ponernos a un lado a algunos de los voceros, de los dirigentes, y vendrán otros dispuestos a continuarla, porque esta lucha es hasta vencer, y nos va a conducir, como ya avanzamos, hacia la transición a la democracia.

Ha dicho que lo único que quiere del presidente Nicolás Maduro es que se vaya, pero siendo realistas ¿piensa que el presidente aceptará salir del poder por cualquiera de las vías democráticamente establecidas en la Constitución?

Lo que yo afirmé y repito es que no es magnicidio, ni golpe de estado, lo que queremos es que renuncie. Desde luego que no conozco un mandatario que por iniciativa propia haya dicho: yo me voy, renuncio. Lo hace cuando entiende que las presiones civiles, ciudadanas, y las condiciones son tales, que es la mejor opción para él y para el país. Todas las opciones, democráticas y electorales, que contempla la Constitución, exigen una gran movilización y organización ciudadana. Si se le dice a Venezuela que no hay otra opción para cambiar que esperar hasta el 2019, estamos entregando una Venezuela, desesperada por un presente y un futuro distintos, a la desesperanza. Seríamos responsables de que hubiese algún otro mecanismo de cambio, no democrático y anticonstitucional. Por eso siento que es nuestra obligación como dirigencia política y como miembros responsables de este movimiento plantearle a Venezuela una ruta a la transición y a la libertad que es constitucional, democrática, y que deriva en un proceso electoral. La renuncia es un mecanismo constitucional. Un movimiento ciudadano para exigir la renuncia, para canalizar y avanzar en la presión hacia ella es un mecanismo democrático y constitucional y que permitiría avanzar en paz, con respeto y en el encuentro de todos los venezolanos.

Pero ¿podría ser del interés del propio gobierno promover un contexto para una situación de violencia que justificara una acción fuera de la Constitución desde el seno del poder?

La violencia ya la han provocado. Estamos hablando de 43 venezolanos que ha perdido la vida asesinados; más de 800 heridos, más de 3.500 detenciones, casi 200 casos documentados de tortura en cárceles, cuarteles de la policía, comandos militares. La violencia ya existe y la ha ejecutado el régimen que tiene las armas y le conviene con el fin de aterrorizar e inhibir a una población ante la protesta. Han demostrado que, frente a esta situación crítica en lo económico, lo social, lo político y lo moral, buscan implementar un mecanismo de fuerza para acusar a otros, o para justificar aún mayor represión. Son capaces de todo. No quiero responsabilizar a nadie, pero lo que sí ha quedado claro es que estos señores, escrúpulos, no tienen.

¿Se entregaría a la justicia, como lo hizo Leopoldo López, si se formaliza una acusación en su contra por este caso de magnicidio?

Continuaré luchando sin descansar, hasta que alcancemos la democracia y la libertad en Venezuela para después avanzar juntos en su construcción. Yo dedico todos los días de mi vida para que esa transición a la democracia sea lo antes posible.

¿Incluso desde la cárcel?

Donde sea más útil a la lucha, allí quiero estar. Entendiendo perfectamente las amenazas que enfrentamos, pero también entiendo lo que se pretende hacer al desmovilizar las fuerzas que protestan a favor de ese cambio político en Venezuela.

¿Considera la posición fijada por la Mesa de la Unidad Democrática un respaldo hacia usted?

He tenido muestras de respaldo y confianza de todos los sectores del país, y también fuera de Venezuela, que me tienen conmovida. Es una muestra de que la gente me conoce. Yo hablo de forma frontalmente y planteo lo que creo y lo que quiero para Venezuela.

¿Ha generado el diálogo alguna división en la oposición?

Creo que ha quedado evidenciado lo que planteamos al inicio. Hay que exigir una serie de condiciones para que el diálogo no se convierta en nuevo engaño. No es la primera vez que el régimen ha llamado al diálogo, lo ha hecho durante 15 años muchas veces, y ya vemos cuáles han sido los resultados en el pasado: han violentado su palabra. Nuevamente lo hacen ahora, y la Mesa de la Unidad está pidiendo condiciones que son precisamente las que Leopoldo López, Antonio Ledezma y tantos otros miembros de la Unidad, consideramos que había que plantear desde el principio. Creo que el fracaso de esta estrategia, que estoy convencida fue impuesta desde La Habana, nos lleva ahora a una nueva fase de articulación y unidad entre todos aquellos que adversamos a un régimen dictatorial.

¿Cuál es su relación con el Movimiento Estudiantil en la actualidad?

Les tengo un enorme respeto. Me acompañaron a la Fiscalía, y lo hicieron espontáneamente. He manifestado en público y privado a cada uno de estos jóvenes que cuentan con todo nuestro apoyo. Pero creo en un Movimiento Estudiantil autónomo, como creo en un movimiento sindical autónomo. Creo en una sociedad rica en organizaciones, en expresiones, independientemente de sus visiones. Hoy no estamos en una contienda política tradicional, porque en Venezuela no hay democracia. Cuando enfrentas un régimen que quiere aniquilar todos los derechos, ya no es un tema solamente de las organizaciones políticas, es un tema existencial, donde todas las organizaciones civiles y estudiantiles estamos convocadas en una misma dirección.

Hace tres meses el lema de la protesta era “el que se cansa, pierde” ¿Cree que hay cansancio?

Hoy estamos más fuertes, mejor organizados y más conscientes de cuál es nuestra lucha. La protesta tiene diversas etapas y expresiones. Estamos en una segunda etapa, la primera fue despertar a Venezuela y la creación de las organizaciones de base. Esta segunda etapa es la articulación y movilización para avanzar en esta ruta y la tercera etapa será la transición, para finalmente llegar a una cuarta etapa que es la construcción de una nueva Venezuela, libre, justa democrática y digna.

¿Cuanto tiempo y cuánta sangre más va a tomar llegar a esa tercera etapa?

Esa es una forma muy peligrosa de plantearlo. En Venezuela asesinan cada 20 minutos a un venezolano, por la impunidad de este régimen. En Venezuela han muerto 20 bebés en Guanare porque no había las medicinas para atenderlos. Entonces, te preguntaría ¿cuántos muertos más y cuánta sangre más puede aguantar el pueblo de Venezuela antes de que haya una transición hacia la democracia y hacia la paz genuina?

Algunos funcionarios del gobierno del presidente Maduro la acusan de que presuntamente recibe financiamiento del extranjero para supuestamente llevar a cabo las acciones contra el gobierno. ¿Es cierto? ¿Con qué financia sus viajes, su participación en los diversos contextos internacionales?

Eso también se lo dicen a la Iglesia Católica, a los periodistas, a los sindicatos y al Movimiento Estudiantil. Que demuestren un solo bolívar que venga fuera de Venezuela que nosotros hayamos usado en nuestras actividades y movilizaciones. ¿De dónde lo hacemos? De los bolsillos de los venezolanos, muy golpeados por cierto, de gente que confió en nosotros. Pero lo más valioso es el trabajo voluntario de miles de venezolanos que dedicaron su talento y su tiempo a una causa, por unos ideales y unos valores que nos unen.

¿Qué extraña María Corina Machado, la mujer, de la María Corina que era antes de salir al ruedo político?

Tiempo para mis hijos… Tiempo para mis hijos. Es algo que extraño y como mamá a veces me da mucha culpa, porque en ocasiones, ando más con hijos de otros que con los míos propios. Pero al final en esta causa todos estos muchachos son nuestros hijos, y es por ellos que estamos dando esta lucha, por los venezolanos de hoy, de las generaciones futuras que crecerán en una Venezuela con esperanza, con oportunidad, seguridad, libertad, con dignidad porque nosotros, sus padres, y los jóvenes de esta generación asumimos el compromiso de conquistar la democracia.

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La inseguridad separa familias en Venezuela

La inseguridad es junto a la escasez y el desabastecimiento uno de los principales problemas de los venezolanos.
La inseguridad es junto a la escasez y el desabastecimiento uno de los principales problemas de los venezolanos.

Así como las colas para comprar alimentos, la emigración en Venezuela se ha vuelto algo cotidiano. Los venezolanos emigran huyendo de la inseguridad, a costa de la unión familiar.

Miguel Robles pierde su vista por la ventana al recordar ese episodio de su vida que creía lejano pero que hoy vive de nuevo en la carne de su hijo: ser inmigrante.

El aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Venezuela, fue el lugar donde pasó las primeras 24 horas de su vida en Venezuela; a donde llegó con $50 dólares en la cartera en 1983. Huía de la dictadura de Augusto Pinochet en Chile.

Ese aeropuerto será el mismo lugar donde, la primera semana de febrero, despida a su hijo de 21 años que se va de Venezuela, pero no huyendo de una dictadura, sino de la inseguridad, uno de los principales problemas que enfrentan los venezolanos.

“Con la decisión de mandarlo para afuera, lo estoy cuidando”, dice tajante Robles sobre su hijo, Miguel Ángel, quien deja año y medio de carrera de comunicación social en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y su amor por el ciclismo.

En Venezuela murieron en forma violenta 24.980 personas en 2014, según cifras de la organización no gubernamental Observatorio Venezolano de Violencia (OVV).

El gobierno no ha entregado cifras oficiales de personas que mueren asesinadas a manos de la delincuencia.

El presidente Nicolás Maduro omitió hablar del tema de la inseguridad durante su mensaje a la nación en enero de este año.

“Le pido a mi hijo que me de certeza de que está saliendo de Venezuela conscientemente. Si me dijera que quiere quedarse a pesar de todo no se iría. Pero tememos por su seguridad en Venezuela”, añadió Robles.

Su caso no es el único. Los venezolanos que tienen los recursos económicos, anteponen la seguridad para preservar la vida de los jóvenes por encima de la unidad familiar, en un país donde sus funcionarios han dicho en el pasado que la inseguridad es un asunto de “percepción”.

En 2014 abandonaron Venezuela un millón 200 mil venezolanos, según el sociólogo Iván de la Vega, profesor de la Universidad Simón Bolívar.

La inseguridad, razones políticas o búsqueda de una mejor calidad de vida son las causas que motivan a los venezolanos a marcharse del país.

Al pensar en la distancia con su hijo, Robles siente tristeza al saber que no podrá abrazarlo cuando lo desee, o no podrá verlo pedalear en la bicicleta.

Pero a todo eso se sobrepone al saber que “podrá caminar tranquilo por las calles y que con cualquier sueldo va a poder comprarse lo que quiera, que va a estar apoyado por su abuela y por sus tías”, se consuela Robles.

Su hijo engrosará las estadísticas de venezolanos que se van a vivir a Estados Unidos buscando un mejor futuro.

Según la medición que hizo la Oficina de Censo Americano, en 2011 se contabilizaron 259.000 emigrantes venezolanos en ese país.

Robles se siente “seguro de saber que es un muchacho maduro y sólido y podrá llevar una situación como la que yo viví hace 31 años en Caracas”.

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La salud no espera

Los venezolanos ven cómo corre peligro su salud a causa de la escasez de medicinas que se ha agravado en 2015.

La escasez que en Venezuela se agudizó al comenzar el año 2015 mantiene a la población en vilo cuando busca atender sus enfermedades.

Largas colas marcan el inicio del 2015 en Venezuela, donde la gente pasa hasta cinco horas para comprar alimentos o productos básicos.

Pero cuando se trata de la salud, no hay espera posible.

Martha Hernández, de 38 años de edad, es una de las miles de venezolanas que vive en carne propia la escasez, pero en su caso, de medicinas.

“La situación de escasez de medicamentos es preocupante”, dijo.

Su madre de 75 años de edad y jubilada de la administración pública, tiene una enfermedad ocular y depende de una medicina para que su vista no se deteriore.

Unos días antes de terminar el frasco de gotas que tenía, comenzó a buscarlo en todas las farmacias posibles.

“Durante dos semanas estuvimos buscando unas gotas para el glaucoma de mi mamá, recorrimos distintas cadenas de farmacias, desde las más grandes hasta las más pequeñas”, dijo Hernández a la Voz de América.

Sin éxito en la búsqueda, recurrieron al mundo virtual.

“Utilizamos las redes sociales como Facebook, Twitter y la red de amigos para solicitar el medicamento, por si alguna persona lo encontraba que nos avisara”, agregó.

Pero tampoco obtuvieron una respuesta alentadora, aunque entre los usuarios venezolanos de las redes sociales ya se ha vuelto cotidiano el usarlas como medio de servicio público para solicitar medicinas.

La suerte de Martha y su madre no ha sido como la de otros venezolanos, pues luego de 15 días preguntado por el medicamento para controlar la enfermedad crónica que padece lo consiguió en una farmacia.

“Es injusto tener que hacer cola para comprar medicinas, cuando se supone que el Estado debe garantizar la salud y el acceso a ella a todos los venezolano”, dijo indignada.

“Además no es solo el hecho de tener que hacer la cola, es la frustración de no conseguir el medicamento que en muchos casos, como el de mi mamá, es de uso diario y de por vida”, recalcó.

Al escuchar el testimonio de Martha Hernández, me pregunto por qué el gobierno del presidente Nicolás Maduro no evitó esta situación, a pesar de que recibió advertencias de todos los sectores privados de la economía sobre la inminente escasez al iniciar 2015 si no tomaba decisiones puntuales para evitarla.

La de otros no ha sido la misma suerte.

Al menos no la de trece pacientes del Hospital Universitario de Caracas, que fallecieron a lo largo del 2014 tras una larga espera para ser operados a causa de enfermedades del corazón.

¿La razón? La carencias de los medicamentos e insumos médicos necesarios para ser atendidos.

La falta de sangre almacenada, anestesia y compresas selló la muerte de al menos uno de esos 13 venezolanos.

La Federación Farmacéutica de Venezuela ha denunciado que el desabastecimiento de medicinas llega al 70% y su vocero, Freddy Ceballos, ha dicho que la situación es “crítica”.

El gremio de las farmacias ha acusado al gobierno de ser arbitrario con la entrega de divisas, con la que importan las medicinas o la materia prima para producirlas en Venezuela.

Algunas redes de farmacias han decidido, por cuenta propia, implementar un mecanismo de control con la cédula de identidad de sus clientes que registran en su base de datos y que les impide comprar más de una vez, en una semana, un mismo medicamento.

Además limitan las cantidades por persona.

El presidente Maduro no da respuestas efectivas para superar la situación de escasez.

De la gira que inició por países asiáticos el 4 de enero, el presidente Maduro anunció un acuerdo con la industria farmacéutica iraní.

“Estamos llegando a una alianza estratégica con la industria farmacéutica iraní y ellos van a ir hacer inversiones y transferencia de tecnología para fortalecer nuestra industria farmacéutica”, dijo Maduro.

Mientras el presidente venezolano ha estado más de doce días fuera del país, la imagen se repite frente a farmacias y automercados: gente que hace filas bajo sol y lluvia por alimentos y medicamentos.

El gobierno es víctima de su propia trampa. El modelo económico que ha intentado imponer de acuerdo a lo que ha llamado la revolución bolivariana no le permite rectificar, y tomar medidas que serían contrarías al llamado socialismo del siglo XXI, y decidir en beneficio de los venezolanos que lo llevaron al poder y que hoy también sufren las consecuencias.

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