Archivo de la etiqueta: Venezolanos

Torres: Se evaporan los sueños de felicidad prometidos por la revolución


Gerver Torres se confiesa optimista por decisión. Cuando uno es optimista siempre gana, —aclara al iniciar esta conversación—. “El pesimismo es muerte. Cuando el pesimista tiene razón no sirve para nada. Prefiero ser optimista sin razón que pesimista con razón”.
Seguramente por la dinámica que vive Venezuela usted no ha tenido tiempo de preguntarse si es o no feliz. Y además se habrá sorprendido de informaciones que en el pasado ubicaron a los ciudadanos venezolanos entre los diez primeros más felices del mundo en una medición que hace la consultora Gallup en 138 países. Este dato parece contradictorio cuando es analizado a la luz del contexto socioeconómico y que sin duda implica además una crisis de valores, más allá de la económica y social.

¿Se imagina que todas las políticas públicas venezolanas —en caso de que existieran— pasaran por el filtro de su impacto en la felicidad de sus ciudadanos? Bután ubicado en el sur de Asia, que limita con China e India, fue el primer país en implementar en 1972 el indicador de la Felicidad Nacional Bruta (FNB) como una categoría de medida par determinar el impacto que tiene el Producto Interno Bruto (PNB) en el bienestar de sus ciudadanos.

Hasta el año pasado Venezuela había estado en los primeros 50 países de 138 del mundo en donde sus habitantes se consideraban felices, asunto que resulta incomprensible para muchos venezolanos —no para el gobierno ni sus seguidores que lo manipulan a su favor— a causa de la crisis socioeconómica, pero además de valores y de las instituciones en la que se encuentra sumida Venezuela inocultables tras la muerte de Hugo Chávez.

Para el informe que publicará Gallup este 2016 Venezuela se ubica en el puesto 56, bajando 33 puestos con relación 2015 cuando se posicionó en el 23. Según los datos que presentará Gallup en su informe de este año 28,7% de la población venezolana se considera próspera; 61,1% se encuentra luchando y 10,3% en condición de sufrimiento.

En 2013 cuando Maduro anunció la creación del viceministerio de felicidad Venezuela ocupó el puesto 20 del ranking y en 2014 ascendió al puesto 10. El retroceso que ha experimentado desde 2010, cuando la medición de Gallup registró a Venezuela en el sexto lugar de los países más felices del mundo Venezuela, hasta hoy tiene una clara explicación para el economista y PhD venezolano Gerver Torres, consultor para América Latina de Gallup.

Torres se confiesa optimista por decisión. Cuando uno es optimista siempre gana, —aclara al iniciar esta conversación—. “El pesimismo es muerte. Cuando el pesimista tiene razón no sirve para nada. Prefiero ser optimista sin razón que pesimista con razón”. Desde su convicción y con los parámetros de medición que emplea Gallup analiza los resultados de 2016 y explica el por qué del cambio en la sensación de bienestar que sienten los venezolanos.

-¿Qué interpretación debe hacerse de estos datos? ¿Cómo se explica el retroceso de 33 puestos en ese ranking de felicidad?

En 2006, cuando se hizo la medición, los venezolanos se ubicaron en el porcentaje más alto: 26% dijo que estaban teniendo la mejor vida posible. Lo que se observa es una caída sostenida del bienestar de los venezolanos. Hace diez años el gobierno tenía recursos, pero lo que básicamente predominaba era un sueño de país, en ese caso chavista, expresado por Hugo Chávez que a mi juicio fue siempre un líder excepcional, lo cual no quiere decir bueno. Fue fuera de serie, en su capacidad de conectarse con la gente, de generar la esperanza de un mundo mejor y creo que eso se reflejó en buena parte de la población venezolana. La gente creyó la narrativa del régimen, que estábamos construyendo un gran país, una potencia, que estábamos convirtiéndonos en un ejemplo de lo que podía ser una sociedad. En la medida en que la realidad comenzó a adueñarse de la vida de la gente, que las políticas gubernamentales fueron inviables, insostenibles, esos niveles de bienestar comenzaron a caer.

Entrevista completa

Venezolanos con las alas cortadas

Cada vez son menos los venezolanos que tienen posibilidades de salir de Venezuela.
Cada vez son menos los venezolanos que tienen posibilidades de salir de Venezuela.

 

Mientras veo impaciente la pista por la ventanilla del avión me invade la incertidumbre de cuándo podré viajar de nuevo fuera de Venezuela.

Sentir que estoy a pocas horas de mi hogar, Caracas, me obliga a hacer un balance la aventura que significa hoy en día salir al extranjero desde Venezuela, la serie de obstáculos que hay que sortear, los trámites que hay que cumplir, y las cosas en que hay que pensar. Ciertamente salir al extranjero se ha vuelto un privilegio, pero es una prerrogativa muy cercana a la pesadilla.

Para comenzar las aerolíneas han reducido la frecuencia de sus vuelos a Venezuela, así como el número de sus asientos disponibles. En el peor de los casos, algunas simplemente dejaron de volar a este país sin ofrecer a los venezolanos opciones para poder viajar, ya sea por negocios, porque van a visitar a un familiar o simplemente porque todavía tienen la posibilidad de disfrutar de vacaciones.

El gobierno le debe a las aerolíneas internacionales unos $4 mil millones de dólares por operaciones en Venezuela durante los últimos dos años, pero las empresas no han podido repatriar su dinero por el estricto control de cambio del país impuesto desde el año 2003.

Ese es otro tema del que también podría escribir cientos de líneas para dibujarles la realidad de Venezuela, porque tiene efectos negativos sobre la comida que no se consigue, los medicamentos que hay que buscar por diversas farmacias, etc. Pero les prometo que de esto les contaré más adelante.

Cuán difícil es conseguir un pasaje, se preguntarán. Pues un pasaje Nueva York-Bogotá costaba en mayo $540 dólares, y uno, Nueva York-Caracas, $5.000,00. Solo que ahora no hay oferta de boletos.

Para ir a mi destino, en un viaje que pude haber efectuado en ocho horas, invertí tres días, haciendo dos escalas, con los correspondientes costos de alojamiento que casi superan la asignación de los dólares otorgados por el estado para viajar, porque hasta lo que se puede consumir en el extranjero es controlado al venezolano.

El gobierno decide cuántos dólares —que tú pagas de tu bolsillo— puedes gastar fuera; dependiendo del destino tienes acceso a más cantidad: si vas a Miami, $700 dólares, pero si vas a Cuba te permiten consumir la totalidad de los $3.000 dólares del cupo anual que te asignan ¿Curioso, no?

¿Quieren sorprenderse aún más? La logística que implica salir de Venezuela también tiene sus dificultades. Si el vuelo sale a las 7:00 de la mañana hay que estar a las 3:00 de la madrugada en el aeropuerto que queda a 38.1 kilómetros de Caracas.

Salir de noche en Caracas implica un riesgo, si tomamos en cuenta que la inseguridad tiene secuestradas las calles de Venezuela.

Eso obliga, a quien puede, a tomar previsiones como viajar la tarde anterior, quedarse en un hotel cerca del aeropuerto para estar las cuatro horas previas que la agencia de viaje sugiere llegar, sin poner en peligro la vida.

Tan sólo en el mes de septiembre fueron asesinadas 423 personas en Caracas, según las cifras que publica la prensa venezolana, porque tampoco hay acceso a las cifras oficiales.

El asunto de viajar es tan complicado que va mas allá de despegar, llegar a destino y disfrutar. Los venezolanos que todavía podemos salir al extranjero no perdemos la oportunidad de regresar con lo que no hay en el país.

En condiciones normales el equipaje de un venezolano vendría lleno de ropa nueva, zapatos y el perfume de última moda. Ahora las maletas están cargadas de las medicinas que no se consiguen y que pueden comprarse sin receta médica.

Para que tengan una idea, mi maleta viene llena de acetaminofén, un analgésico de venta sin prescripción, recetado para tratar dos de las epidemias que en la actualidad mantienen en vilo a 45.745 personas que padecen dengue y 398 por chikungunya, en lo que va de año, según cifras del gobierno.

Los laboratorios han informado que la escasez de medicamentos en muchos casos llega hasta un 50%. ¿La causa? La misma crisis cambiaria que afecta la compra de pasajes aéreos.

En todo eso pienso ahora que faltan sólo tres horas para llegar a Bogotá, donde esperaré hasta el día siguiente para tomar otro vuelo hacia Caracas a reencontrarme con mi realidad.

Lo más paradójico es que todo esto sucede en un país como Venezuela que ha disfrutado de un largo período de altos precios en el barril de petróleo.

Y no sé cuándo volveré a salir de Venezuela, al menos por un buen tiempo.

Publicado en voanoticias.com