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Colectivos y cubanos conviven con la Fuerza Armada Nacional

La presencia activa en el país de ciudadanos cubanos y la participación en armas de los grupos irregulares llamados colectivos es asunto que hoy conocen las más altas autoridades militares de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). La institución ha perdido el monopolio constitucional sobre el poder bélico, que había mantenido en el Estado democrático.

De hecho en 2014, el entonces comandante del Cuerpo de Infantería de Marina de la Armada, el vicealmirante Pedro Miguel Pérez Rodríguez, envió a la ministra de Defensa, Carmen Meléndez, al entonces jefe del Comando Estratégico Operacional, general Wilmer Padrino López y a todo el alto mando militar naval, una denuncia sustentada con el testimonio del teniente de navío Wilmer Aguirre Antequera, integrante del batallón de comunicaciones del cuerpo de Infantería de Marina Felipe Baptista.

El oficial en comisión de servicio en la Gran Misión Barrio Nuevo Barrio Tricolor notificó la novedad de la presencia de personas identificadas como integrantes de las “Fuerzas Revolucionarias José Félix Ribas” y su dotación de equipos de comunicaciones y armamento.

En los últimos años el poder de estos grupos civiles armados se ha hecho creciente, como es público y notorio, los colectivos se han convertido en el verdadero poder de facto en barriadas enteras, entre ellas la urbanización 23 de enero, de Caracas, como lo han reportado medios independientes. Hace pocos días una célula de ellos también mostró un inédito grado de violencia y alevosía al atacar, golpear y desnudar en plena calle a un grupo inocente de adolescentes seminaristas en Mérida.

También han rechazado dejar las armas, en caso de que así se los pidan.
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Torres: Se evaporan los sueños de felicidad prometidos por la revolución


Gerver Torres se confiesa optimista por decisión. Cuando uno es optimista siempre gana, —aclara al iniciar esta conversación—. “El pesimismo es muerte. Cuando el pesimista tiene razón no sirve para nada. Prefiero ser optimista sin razón que pesimista con razón”.
Seguramente por la dinámica que vive Venezuela usted no ha tenido tiempo de preguntarse si es o no feliz. Y además se habrá sorprendido de informaciones que en el pasado ubicaron a los ciudadanos venezolanos entre los diez primeros más felices del mundo en una medición que hace la consultora Gallup en 138 países. Este dato parece contradictorio cuando es analizado a la luz del contexto socioeconómico y que sin duda implica además una crisis de valores, más allá de la económica y social.

¿Se imagina que todas las políticas públicas venezolanas —en caso de que existieran— pasaran por el filtro de su impacto en la felicidad de sus ciudadanos? Bután ubicado en el sur de Asia, que limita con China e India, fue el primer país en implementar en 1972 el indicador de la Felicidad Nacional Bruta (FNB) como una categoría de medida par determinar el impacto que tiene el Producto Interno Bruto (PNB) en el bienestar de sus ciudadanos.

Hasta el año pasado Venezuela había estado en los primeros 50 países de 138 del mundo en donde sus habitantes se consideraban felices, asunto que resulta incomprensible para muchos venezolanos —no para el gobierno ni sus seguidores que lo manipulan a su favor— a causa de la crisis socioeconómica, pero además de valores y de las instituciones en la que se encuentra sumida Venezuela inocultables tras la muerte de Hugo Chávez.

Para el informe que publicará Gallup este 2016 Venezuela se ubica en el puesto 56, bajando 33 puestos con relación 2015 cuando se posicionó en el 23. Según los datos que presentará Gallup en su informe de este año 28,7% de la población venezolana se considera próspera; 61,1% se encuentra luchando y 10,3% en condición de sufrimiento.

En 2013 cuando Maduro anunció la creación del viceministerio de felicidad Venezuela ocupó el puesto 20 del ranking y en 2014 ascendió al puesto 10. El retroceso que ha experimentado desde 2010, cuando la medición de Gallup registró a Venezuela en el sexto lugar de los países más felices del mundo Venezuela, hasta hoy tiene una clara explicación para el economista y PhD venezolano Gerver Torres, consultor para América Latina de Gallup.

Torres se confiesa optimista por decisión. Cuando uno es optimista siempre gana, —aclara al iniciar esta conversación—. “El pesimismo es muerte. Cuando el pesimista tiene razón no sirve para nada. Prefiero ser optimista sin razón que pesimista con razón”. Desde su convicción y con los parámetros de medición que emplea Gallup analiza los resultados de 2016 y explica el por qué del cambio en la sensación de bienestar que sienten los venezolanos.

-¿Qué interpretación debe hacerse de estos datos? ¿Cómo se explica el retroceso de 33 puestos en ese ranking de felicidad?

En 2006, cuando se hizo la medición, los venezolanos se ubicaron en el porcentaje más alto: 26% dijo que estaban teniendo la mejor vida posible. Lo que se observa es una caída sostenida del bienestar de los venezolanos. Hace diez años el gobierno tenía recursos, pero lo que básicamente predominaba era un sueño de país, en ese caso chavista, expresado por Hugo Chávez que a mi juicio fue siempre un líder excepcional, lo cual no quiere decir bueno. Fue fuera de serie, en su capacidad de conectarse con la gente, de generar la esperanza de un mundo mejor y creo que eso se reflejó en buena parte de la población venezolana. La gente creyó la narrativa del régimen, que estábamos construyendo un gran país, una potencia, que estábamos convirtiéndonos en un ejemplo de lo que podía ser una sociedad. En la medida en que la realidad comenzó a adueñarse de la vida de la gente, que las políticas gubernamentales fueron inviables, insostenibles, esos niveles de bienestar comenzaron a caer.

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Dos años sin Chávez

No son pocos los decepcionados de Chávez y de su sucesor.

La partida física de Hugo Chávez sirve para contrastar la dicotomía que vive Venezuela: la de un gobierno que dice mantener su legado y la de una parte de los venezolanos desencantados de él.

Sus manos se apoyaban sobre el negro y frío mármol con el que está cubierto el féretro. Por segundo año, Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, le rindió honores a Hugo Chávez, quien antes de morir lo designó su heredero político.

En el Cuartel de la Montaña, en Caracas, donde Chávez se entregó tras el fallido golpe de Estado que intentó en 1992, reposan sus restos.

Desde abril de 2013, cuando Maduro ganó la presidencia, ha intentado mantener el “legado del comandante eterno”, como le llaman sus seguidores.

Pero lejos de caminar hacia el “mar de la suprema felicidad” como prometió Chávez a los venezolanos, estos sufren una crítica situación económica.

Maduro carga sobre sus hombros y alienta un modelo económico inviable sustentado en el llamado “Socialismo del siglo XXI”.

Las promesas de Chávez, y la realidad que se vive tras su muerte, quizás le habrán venido a la mente a Luis Pereda quien desde el oriente de Venezuela, en la isla de Margarita, vio a Maduro rindiendo tributo a Chávez por la prensa o la televisión.

Desde hacía 15 años Pereda, pescador de oficio en la semana, vendía cocos los fines de semana por necesidad frente a los restaurantes que había en playa El Agua, uno de los lugares más populares para turistas nacionales y extranjeros.

Pero ahora no sabe cómo ganará dinero, porque el gobierno de Maduro demolió los locales comerciales privados, con la promesa de construir un bulevar más atractivo para el turismo.

“Uno lo que anda es llorando porque ahora no tiene trabajo. Esto se ha caído por este gobierno, todo lo ha echado a perder. Yo voté por los dos, por Chávez y Maduro, pero estoy arrepentido por lo que están haciendo”, dijo a la Voz de América.

Teme que cuando las obras estén listas no lo dejen estar frente a la playa vendiendo cocos.

“Aquí va a estar mucha gente de real y no nos van a dejar entrar a trabajar”, agregó.

El parecer de Pereda contrasta con lo prometido por el chavismo: igualdad para todos.

En lo único que hay igualdad hoy en Venezuela es en la dificultad para conseguir alimentos, y en que durante el año que culminó su valor se incrementó en 102,5% según cifras oficiales.

A los chavistas ni siquiera la oración creada en honor a su líder los ha salvado de esa realidad que perciben en sus bolsillos cuando de llevar el pan a casa se trata.

“Danos hoy tu luz para que nos guíe cada día, no nos dejes caer en la tentación del capitalismo, mas líbranos de la maldad de la oligarquía, (…) Por los siglos de los siglos amén. Viva Chávez”, invocaron en septiembre pasado por primera vez, sin ver resultados.

El gobierno, encargado de continuar con lo que llaman “su legado”, se ha ocupado en el último año de demostrar, a los venezolanos y al mundo, que hay confabulaciones que intentan separar a Maduro del poder, postergando por esta causa, de forma recurrente, la toma de decisiones para hacer frente a la crisis.

Diversos voceros del oficialismo han dedicado su tiempo a promover la confrontación política con la oposición venezolana y constantemente con países como Estados Unidos.

Maduro incluso pidió este 5 de marzo, durante uno de los múltiples actos conmemorativos por los dos años de la muerte de Chávez, que salieran a la calle si algo le pasaba.

“Si ustedes amanecieran con una noticia de que me ha sucedido algo, salgan a la calle a restablecer la paz”, instó Maduro.

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La suprema infelicidad

Los venezolanos invierten parte de su día buscando los alimentos básicos y haciendo colas para poder comprarlos.

El gobierno de Venezuela asegura que los venezolanos son más felices ahora, aunque recientes sondeos de opinión reflejan lo contrario.

El gobierno del presidente Nicolás Maduro pretende ocultar la verdad, como quien busca tapar el sol con un dedo.

Intenta desaparecer las largas colas que debe hacer la gente para comprar alimentos, aspirando así acabar con el grave problema de escasez que sufren los venezolanos, y que es reflejo de la crisis económica que no ha tenido respuesta de su parte.

Según lo dijo el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, el 13 de enero pasado, “este es un pueblo feliz y todas las encuestas lo dicen, este es un pueblo atendido”, pero la cola en el supermercado no es reflejo precisamente de lo felices que son los venezolanos.

El gobierno ha amenazado a los comercios que tengan colas fuera de los locales acusándolos de querer promover una sensación de desabastecimiento.​

Así que las colas deben hacerse adentro. El calor de medio día las agudiza porque cientos de personas, agolpadas en todos los pasillos de un automercado, deben hacer la fila dentro del local para poder comprar azúcar.​

Las empresas que permitieron colas y sensación de desabastecimiento han corrido con peor suerte, como una red de farmacias y tiendas de conveniencia, que tienen a sus ejecutivos presos e imputados por boicot y desestabilización económica, delitos con penas de hasta 12 años de prisión y confiscación de sus bienes.

“No me siento más feliz”, dice Ricardo Contreras, un obrero de 30 años. “Para ellos todo está bien, pero nosotros somos los que estamos pasando las dificultades. Tengo cuatro horas haciendo cola por dos kilos de azúcar y mi bebé en los brazos”, se queja.

Al caminar con dificultad entre las personas se repite la imagen: carritos de compra en los que el único producto que va es azúcar, y solo dos kilos por persona.

“No me siento feliz”, también repite la frase como respuesta Eduardo Sánchez, un docente de 43 años.

“¡Mira la cola que estoy haciendo! Tengo que pedir permiso en mi trabajo, y cuando no, estoy como hoy en mi hora de almuerzo haciendo cola para poder comprar”, se lamenta Sánchez.

“Ahora tenemos que hacer la cola en Farmatodo [la red de farmacia contra la que actuó el gobierno] en el sótano, en los estacionamientos para que la gente no vea la cola en la calle y vea que hay patria, como dice el gobierno”, ironiza Sánchez, recordando la frase que dijo el fallecido Hugo Chávez el 8 de diciembre de 2012 en su última alocución antes de viajar a Cuba: “¡Qué nadie se equivoque, hoy tenemos patria”.

Hay otras personas en la fila, como Carolina Martínez, una profesora de 55 años, que, para responder si es más feliz en la actualidad, se remonta a otra de las polémicas decisiones del gobierno: la creación del Viceministerio para la Suprema Felicidad Social del Pueblo, (2013) una oficina para gestionar las “solicitudes de ayuda que recibe el presidente”.

“Más feliz no, –dice Carolina– pero yo pregunto, si un día me siento triste ¿puedo llamar al ministerio de la Felicidad para ver si me pone en buen estado, que me cuente un chiste o me resuelva mi problema? En el mundo de él quizás sean felices, pero en este no”.

En el más reciente sondeo de opinión de la empresa Delphos, 80% de los venezolanos culpa a Maduro de sus problemas.​

Pero no todos piensan igual y hay quienes, en medio de la cola, manifiestan sentirse felices.

Luis, de 40 años, y dedicado al trabajo de construcción, quien también estaba haciendo la cola en su hora de almuerzo, fue parco al responder si era más feliz ahora. “En mi caso sí soy feliz, porque tengo vida y salud”, dijo, cortando cualquier posibilidad de repregunta.

Si tenía preferencia política o no por el gobierno, Luis también estaba haciendo la cola, porque ningún venezolano, común y corriente, escapa de la realidad que los consume: la escasez, el desabastecimiento, la inflación, que el gobierno justifica haciéndose la víctima de una supuesta “guerra económica” que dice estar combatiendo para la tranquilidad de la población.

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La “tumba” en el cuarto sótano

Esta es la última foto de Gerardo Carrero con su familia, antes de ser detenido tras el asalto al campamento en el que protestaba contra Maduro.

El estudiante Gerardo Carrero lleva seis meses confinado en el cuarto sótano de un edificio del Servicio Bolivariano de Inteligencia, en condiciones calificadas como “tortura” por su esposa y abogado.

El 4 de diciembre fue la última vez que Gerardo Carrero vio la luz del sol, durante su traslado al tribunal. Desde hace seis meses, vive en la llamada “tumba”.

Ya no sabe cuándo es de día o de noche. La único que escucha es el paso del tren del subterráneo sobre su celda ubicada en el cuarto sótano de un edificio del Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN), en Caracas.

Carrero es estudiante.

Dentro de su celda de 2 x 3 metros todo es blanco. La luz, que permanece las 24 horas encendida, es blanca también.

Solo tiene un colchón montado sobre una base de cemento. Las 24 horas del día es monitoreado por una cámara que todo lo ve.

La temperatura ronda entre los 15 y 18 grados centígrados.

Como esa celda hay otras seis, tres de ellas también ocupadas por otros jóvenes: Lorenth Saleh, Gabriel Valle y Juan Miguel De Sousa.

Así describe Carrero las condiciones en las que vive a su esposa, Mariana Serrano, quien al igual que él es estudiante de Ciencias Penales y Criminalísticas en la Universidad Católica del Táchira, en San Cristóbal, al oeste de Venezuela.

Carrero fue detenido en Caracas el 8 de mayo, durante el asalto que hicieron efectivos militares y policiales al llamado “campamento de la resistencia”.

Ese día, un grupo de estudiantes pretendió hacer resistencia pacífica de calle instalando carpas frente a la sede del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Caracas y 17 otros lugares de Venezuela.

Después de varios meses, de los 120 detenidos fueron liberados 112. Hoy, Carrero es uno de los cinco que permanecen privados de libertad y en proceso de juicio.

Carrero fue acusado obstrucción de las vías públicas, incitación a la desobediencia de leyes y tráfico de menor cuantía de drogas.

Dadas las difíciles condiciones en las que se encuentra, el pasado 7 de febrero Carrero y dos otros jóvenes iniciaron una huelga de hambre.

“Ahorita que está en huelga de hambre, cuando lo veo lo que hago es llorar. Yo no quiero que se muera”, dijo Mariana Serrano, su esposa de hace dos años y con quien tiene dos hijos.

“Cuando le pedí que desistiera de la huelga él me dijo: ‘Mariana yo estoy sepultado en vida, esta gente me está matando poco a poco, si esta gente lo que quiere es matarme yo voy a dar la guerra, voy a hacer un último intento para ser escuchado, para que sean respetados mis derechos’”, dijo Serrano a la Voz de América..

Esta es la segunda huelga de hambre que inicia Carrero.

“Hace la huelga de hambre pidiendo la unión de todos los venezolanos, por todos sus compañeros detenidos y por los presos políticos para que sean liberados. Piden el pronunciamiento de la ONU y que los saquen de ese lugar, porque no es apto para ningún humano”, agrega Serrano.

Carrero fue torturado tras su primera huelga de hambre en agosto pasado, según su esposa.

“Estando en el Helicoide [sede principal del SEBIN en Caracas] por una carta que le envió a [Nicolás] Maduro, y por la huelga de hambre en la que ya se encontraba, lo torturaron”, relató.

“El comisario Carlos Calderón le reclamó por qué hacía la huelga de hambre y él solo le respondió ‘libertad para Venezuela’. Luego de eso se lo llevaron a otro cuarto lo amarraron por las muñecas y lo colgaron durante 12 horas, y luego le dieron con unas tablas. Al día siguiente cuando lo soltaron cayó al suelo sin poder levantarse. Ese día era mi visita y yo noté una actitud extraña de los funcionarios y lo vi entrar cojeando y me contó todo esto. Además le dijeron que nos iban a matar a nosotros, a mí, a los niños, a su papá”, añadió Serrano.

Tras la denuncia de esta tortura fue trasladado a “la tumba”, como le llaman los mismos funcionarios policiales a la celda de confinamiento.

La situación judicial de Carrero no es la única que se registra en Venezuela, después de un año del inicio de las protestas contra el gobierno de Nicolás Maduro, quien ha dicho en el pasado que en este país “no hay presos políticos, sino políticos presos”.

El hecho se torna más grave cuando hay indicios para dudar de la independencia de los poderes del Estado.

El defensor del Pueblo, Tarek William Saab, representante de uno de los poderes del Estado, negó que en el SEBIN se practique algún tipo de tortura, pero posteriormente anunció que solicitó a esa institución policial “mejoras en las condiciones de reclusión a [los] cuatro detenidos”.

Los defensores de los detenidos cuestionan los testimonios de los reos por posibles temores a represalias.

“[Saab] dice haber entrevistado a uno de ellos, a Gabriel Valles, pero yo le pediría al defensor que no confíe mucho en un testimonio obtenido en el mismo lugar donde está siendo una persona torturada y con la presencia de los torturadores”, señaló Gonzalo Himiob, abogado de Carrero, quien por cierto solo ha podido verlo en el tribunal porque le han impedido visitarlo como lo contempla la ley.

Este tipo de “condiciones” a las que tienen sometidos a estos jóvenes no son nuevas en el mundo, según Himiob, y tienen como propósito “dejar secuelas psicológicas muy graves”.

Desde que está encerrado en la “tumba”, Carrero ha perdido 10 kilos, “aunque no se ha pesado desde que inició la huelga”, aclara su esposa.

“Me dijo que le duelen las piernas, que tiene dolor de cabeza, puntadas en el estómago. Antes, durante veinte días tuvo vómito y diarrea y lo que le dieron fue un suero y ya”, agregó.

El lugar donde cada martes y domingo Mariana ve a Gerardo está contiguo al espacio donde está aislado. Allí ha recibido a sus dos pequeños hijos, Gerardo y Santiago de seis y tres años respectivamente.

Allí hablan de un futuro juntos.

“Él quiere recuperar el tiempo perdido. Su papá le ha dicho que quiere que se vaya del país, pero Gerardo dice que no se va de Venezuela, que va a seguir luchando por un mejor país, de oportunidades, con seguridad para sus hijos”, dijo Serrano.

“Yo quiero que Venezuela sea igual a la misma en la que yo crecí. Con conciencia conozco la Venezuela del gobierno de Hugo Chávez, pero tengo conciencia de lo que comía antes, de que no te robaban por un par de zapatos”, agregó.

Pero para Mariana la esperanza es mayor que el temor.

“No tengo miedo, al contrario, cada día estoy más convencía y más fuerte. Gerardo y los que están presos se han encargado de demostrarnos que no estamos equivocados”, concluyó.

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Conseguir carne: misión imposible

Neveras vacías son constante en automercados y carnicerías en Venezuela.

 A la escasez de alimentos y productos básicos que enfrentan los venezolanos se suma ahora la de carne, que hasta ahora había sido esencial en su dieta.
“¡Aquí no se come carne, ni aquí, ni aquí tampoco!” La frase de un juego infantil tradicional venezolano refleja la realidad que enfrentan muchos de los venezolanos que ahora también sufren escasez de carne.

Luis Berríos es uno de ellos. Tiene 34 años y trabaja en el área aduanal, y ha tenido que salir de su trabajo por carne.

“Llevo tres días buscando carne”, dice al entrar en la carnicería de Miguel Simón en el este de Caracas. Es la cuarta que visita en la mañana.

“Tengo casi tres semanas sin comer carne porque no consigo y mi hijo de dos años comienza ya a comer carne. Cuando uno tiene hijos hace lo que sea necesario por alimentarlos”, dice con pesadumbre.

Berríos tiene la mitad de su vida bajo el gobierno chavista. Jamás imaginó que su realidad estaría tan cerca a la de Cuba, donde los ciudadanos no tienen acceso a la carne de res, que es considerada un artículo de lujo.

“No tengo esperanza de que esto cambie ni a corto ni a mediano plazo”, dice Berríos.

“Tengo esperanza de conseguir carne, de poder comprar lo que quiera, de no tener que hacer cola. Creo que todos los venezolanos nos merecemos eso, vivir bien. No merecemos estar en esta zozobra”.

El carnicero responde a Berríos que puede anotar su pedido en una lista y esperar cinco días a ver si le llega algo de carne.

En otras carnicerías hay carteles pegados en la nevera en los que se explica a los clientes que no ofrecen carne porque no pueden venderla a pérdida y por el “terror” a ser multados por despacharla a un precio superior al fijado por el gobierno.

Ese el mismo temor que confiesa Simón.

“Ahora trabajo con la reja abajo y a media luz porque tengo miedo de que venga algún funcionario del gobierno a sancionarme porque vendo la carne a un precio con el que pueda ganarle algo. De lo contrario tendría que cerrar”, explica Simón quien acaba de recibir un aumento del triple de lo que paga por el local que arrienda desde hace 28 años.

En febrero pasado el gobierno del presidente Nicolás Maduro fijó el precio del kilo de carne de primera en el equivalente a $1,13 dólares.

Pero Simón la compra picada en pedazos a $4 dólares por kilo, que luego vende en el equivalente a $4,07 dólares. Su ganancia es de menos de 10 centavos de dólar por kilo.

“Ellos [el gobierno] saben que la carne no puede venderse a $1,13 dólares por kilo. El mismo gobierno echó a perder la ganadería. La solución no es atacar a quienes están trabajando”, replica Simón.

En toda Venezuela se han visto afectadas por la escasez de carne unas 6.500 carnicerías que tienen sus neveras vacías. Según la Asociación Venezolana de Frigoríficos, al mes de abril de 2015 la oferta de carne ha disminuido un 74%.

Venezuela dejó de ser un país exportador de carne y autoabastecedor de su mercado después de sufrir una política de intervención y expropiación de tierras, y de controles estrictos de precios que iniciaron en 2013.

El gobierno importa más del 50% de la carne que se consume, según la Federación Nacional de Ganaderos, pero la escasez de divisas que enfrenta el gobierno le ha impedido continuar su política de importación de carne con precio subsidiado a Bs.6,30 bolívares por dólar.

Berríos prefiere apostar a su suerte y no se anota en la lista que le ofrece Simón. Sale de la carnicería a seguir buscando carne para él y su familia, quizás, aferrado a esa convicción de que los venezolanos merecen una vida mejor.

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Aunque la justicia es ciega, llegará

Después de diez meses, los venezolanos ven agravadas la inseguridad, el desabastecimiento, la escasez y la violación de derechos humanos.

La violación de derechos humanos, delito que no prescribe, es la causa de las sanciones que ejercerá Estados Unidos contra funcionarios venezolanos

La acera palpita calor, pesa en el asfalto todo el sol del día.

La gente se agolpa en la entrada de un supermercado en la avenida Francisco de Miranda, en Caracas, donde ha llegado algún producto, uno de los desaparecidos de los anaqueles desde hace semanas.

Los ánimos de los que esperan resignados, no ayudan a sobrellevar la situación. Esta tarde venden azúcar y compotas.

Algunos comerciantes deben llamar a los agentes de la policía para evitar el caos o, en el peor de los casos, custodiar sus comercios.

Mientras en Estados Unidos, el presidente Barack Obama promulga una ley que sancionará a los funcionarios del gobierno del presidente Nicolás Maduro, acusados de violar los derechos humanos de quienes manifestaron en su contra en Venezuela, entre febrero y mayo pasado.

Mario Bebilacqua, un estudiante de comunicación social de 18 años, trata de alcanzar la calle evadiendo a los que se amontonan ante la puerta del supermercado.

Al ser abordado para pulsar su opinión sobre las sanciones aprobadas por Obama, responde recordando lo que le sucedió cuando fue convocada una movilización en apoyo a la diputada opositora depuesta María Corina Machado.

“Yo fui impactado por una bomba lacrimógena de la Policía Nacional el primero de abril en Caracas”, recuerda.

Bebilacqua lleva en su frente una cicatriz de 19 puntos que le recordará, por siempre, la represión de la policía durante las protestas en Venezuela contra el gobierno de Maduro. Su mirada aunque es esquiva, muestra una rabia contenida.

“Estados Unidos tomó la decisión correcta”, remata Bebilacqua.

Por su convicción de un país diferente no se ha convertido en emigrante. Sigue su camino y desaparece entre la multitud que sale de las oficinas en el momento en el que termina una día más de trabajo.

El remolino de personas yendo y viniendo con bolsas, es síntoma de una ciudad que busca refugiarse antes de que caiga la noche, pues ésta la deja aún más expuesta ante la inseguridad.

Hay quienes evaden hablar del tema de las sanciones porque son funcionarios públicos y siguen, apurados, su camino.

Pero las plazas parecen ajenas a esa prisa.

Son, por excelencia, el lugar obligatorio de encuentro de quienes pertenecen a la llamada tercera edad.

Al caraqueño le gusta hablar, expone sus ideas, siente que tiene que decir lo que piensa.

Silfrido Gómez, un músico de 63 años, aplaude la medida que tomó Estados Unidos para sancionar a funcionarios venezolanos acusados de violar derechos humanos.

“Todo el que la hace tiene que pagarla, los ladrones, los que están perjudicando al país…”.

La ley del Talión planteada en el siglo XXI.

Pero no todo el mundo ve las cosas igual. Mabel Marimón, una trabajadora residencial de 57 años, advierte que cada país es libre de ejercer las leyes que quiera, pero dentro de su territorio.

“Que hagan lo que ellos [Estados Unidos] estimen conveniente en su país, donde ellos mandan”, sostiene Marimón.

Estos testimonios dibujan la polarización que se vive en las calles, aunque las más recientes encuestas revelan una caída en la popularidad de Maduro, desde abril de 2013 a noviembre de este año, de casi 25 puntos.

Durante las protestas registradas entre febrero y mayo asesinaron a 43 personas. Al menos 38 casos de tortura fueron denunciados ante la ONU. Ante el silencio de la mayoría de los medios de comunicación social, las redes sociales dieron cuenta, en ese momento, de terribles escenas vistas en videos grabados por aficionados.

La inseguridad, el desabastecimiento, la escasez fueron las razones que movilizaron esas protestas.

La incapacidad del gobierno, de dar solución a esos problemas, encontró una sola salida: la represión.

Desde entonces y hasta ahora viene bajando por una empinada pendiente una avalancha que el gobierno de Maduro, heredero del chavismo, pareciera no tener cómo detener: pagar por las violaciones de derechos humanos.

La Corte Penal Internacional espera con paciencia.

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¿Navidades felices?

En las tiendas de Venezuela no se consiguen los juguetes de moda.

La navidad es momento de celebración y de regalos, pero en Venezuela el desabastecimiento y un control de cambio inadecuado frustran a quienes desean mantener la tradición.

Diciembre es la época más feliz para quienes festejan la tradición de la navidad, en la que algunos esperan la llegada del Niño Jesús y otros la de San Nicolás, y con ellos, los esperados regalos.

Al menos eso es lo que se supone.

Pero este año, a causa de la escasez y la crisis económica que vive Venezuela, esa emoción significa para algunos gastar más de lo que se tiene, y para otros incluso hasta lágrimas.

Una juguetería es el mejor lugar para conocer lo que pasa.

Olga Figuera, una mujer de más de 50 años, recorrió casi 500 kilómetros, desde Maturín, al oriente de Venezuela, hasta Caracas, solo para comprar el regalo de navidad de su nieta.

“Vine a esta juguetería porque sabía que aquí encontraría la muñeca. Donde vivo no la hay”, dice Figuera.

Al relatar su experiencia buscando el regalo, Figuera hace un esfuerzo por contener las ganas de llorar.

“Estoy pagando $28,23 dólares por la muñeca, es demasiado cara pero eso fue lo que mi nieta pidió, y estoy gastando la mitad de mis aguinaldos para comprarla”, relata Figuera acongojada.

La ley venezolana garantiza para todos los trabajadores a final de año una bonificación laboral mínima de 30 días de salario, o aguinaldo.

El vendedor de la juguetería, Carlos Romero, cuenta que la mayoría busca de regalo para niñas un muñeco que tiene un enorme parecido con un bebé, que cuesta el equivalente entre $14,70 y $34,70 dólares.

Este año el gobierno del presidente Nicolás Maduro decretó las “Navidades Felices”, un plan que inició el 1 de noviembre para fiscalizar la venta de alimentos, juguetes, ropa, calzado, electrodomésticos y artículos de ferretería “a precios justos”.

El superintendente de Precios, Andrés Eloy Méndez, ha dicho que el operativo se enfoca en esos rubros porque “estas son las seis áreas donde nuestro pueblo sale con sus aguinaldos de noviembre y diciembre para atender las necesidades de la familia”.

Sin embargo, Romero está consciente de que estas navidades “los precios de los juguetes se elevaron en exceso, pero pagan por ellos igual”.

En Venezuela el 80% de lo que se consume es importado, según estimaciones del sector privado.

Una pistola, que tiene un valor equivalente a $12,90 dólares, o unos muñecos convertibles, que varían según su modelo entre $14,40 y $35,20 dólares es la tendencia en regalos para los varones.

Hasta final de noviembre tenían sistema de apartado para los juguetes. De esta forma la persona podía ir abonando dinero a través del tiempo hasta completar el monto total del costo del juguete.

“Mucha gente comenzó a apartar desde enero por la escasez y también para garantizarse un buen precio”.

Pero asegura que para esta fecha es muy difícil conseguir los juguetes que más tienen demanda.

“De ese muñeco, que me llegaron 24, en día y medio ya no me quedaba ninguno”, dice Romero, testigo de cómo la mayoría de sus clientes compra solo con tarjeta de crédito para financiar el gasto que significan los regalos de navidad.

Swarny Olivero es cajera en una peluquería, donde gana salario mínimo.

Su hija de seis años también le pidió al Niño Jesús el muñeco de moda, y una tableta “pero de verdad”, recuerda Olivero las palabras de su pequeña.

“Tenía una tableta nueva guardada porque en enero, con el cupo de dólares, compré por internet una que me costó $200 dólares, para luego venderla y ganar así algo de dinero, pero no conseguimos comprador. Así que decidí darle esa, porque nueva, si la consigues, cuesta el equivalente a 235 dólares”, explica Olivero.

Desde 2003 existe control de cambio en Venezuela, con tres tasas diferentes. Aunque la oficial es de 6,30 bolívares por dólar, está reservada solamente para importar alimentos y medicinas.

Anualmente, el gobierno concede a las personas un cupo de $3.000 dólares para efectuar compras electrónicas y gastos en el extranjeros a través de la tarjeta de crédito.

Más allá de esa asignación, la mayoría de los venezolanos deben recurrir al mercado negro, donde el valor del dólar aumenta sostenidamente. Esta última semana aumentó tan solo en cuatro días de 160 a 170 bolívares por dólar.

A Olivero todavía le falta comprar el muñeco, que cuesta más que el salario mínimo, unos $28,75 dólares a tasa de mercado negro.

“Ella tiene seis años, cómo le digo que no tengo dinero para comprarle el regalo que le pidió en la carta al Niño Jesús”, dice Olivero resignada.

Al gobierno, parece olvidársele que las emociones no se decretan y los adultos hacen a veces hasta lo impensable a costa hasta de deudas que después no pueden pagar, para recibir una sonrisa de un niño complacido porque recibió su ansiado regalo de navidad.

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Machado: “El gobierno de Maduro está desesperado”

María Corina Machado insiste en que la salida debe ser la renuncia del presidente Maduro.
María Corina Machado insiste en que la salida debe ser la renuncia del presidente Maduro. (Foto: Aymara Lorenzo)


La dirigente opositora venezolana María Corina Machado, acusada por el gobierno venezolano, asegura a la Voz de América que continuará luchando por la democracia, incluso desde la cárcel.

Pareciera ser un objetivo político del gobierno de Venezuela, por los diversos señalamientos hechos en su contra. Pero María Corina Machado, una venezolana de 47 años no se siente amenazada por los intentos de reducirla, políticamente, que ejerce el gobierno del presidente Nicolás Maduro. La Voz de América conversó con ella y asegura que hoy están más vigentes que nunca las razones para promover una “salida”.

¿Cómo califica la justificación que hace la Fiscal General de la República sobre la violación a la ley para lograr la interceptación de correos electrónicos que se hicieron de sus cuentas de correo y se presentaron como pruebas de un intento de magnicidio y golpe de estado? Según ella se trata de asunto de seguridad de estado la vida del presidente y la seguridad del gobierno.

Es una confesión. Es una confesión del grado de confabulación que existe en los poderes públicos para crear, construir situaciones falsas, desprovistas de credibilidad alguna, para aniquilar, callar las voces y disuadir a todo espacio de disidencia frente a un régimen que avasalla. En segundo lugar, es una confesión de la desesperación de un régimen que está consciente del colapso del país, de la caída libre del apoyo al régimen del señor Maduro, y del terror que le tienen a la sociedad organizada y fundamentalmente a la verdad, porque se trata de terror a la verdad.

¿Cree que la relación establecida entre el presidente Maduro y sus gobernantes está sustentada en el miedo, y no en el respeto y creencia, como la que pudiera haber existido con el expresidente fallecido Hugo Chávez?

En Venezuela lo que hay en este momento es desesperación. Cuando el señor (Jorge) Rodríguez dijo que en Venezuela había gente desesperada, yo lo creo absolutamente. El pueblo está desesperado porque termine esta pesadilla. Qué parte no entienden de que tenemos un país pasando hambre, que no hay medicinas, que no hay gas doméstico, que el sueldo no alcanza ni para comer, que nos están matando, que la impunidad es absoluta y que la corrupción es una bofetada diaria. Los venezolanos entendemos que estamos frente a un régimen que, para callar este descontento popular, decidió reprimir a toda costa y el país reaccionó con esta fuerza. Nuestro planteamiento en un inicio, en febrero de este año, fue dar razones para buscar un cambio por la vía constitucional. Hoy tenemos más razones porque el país se ha deteriorado aceleradamente en lo económico, en lo social, pero sobre todo en lo institucional. La reflexión se ha hecho evidente, alrededor del mundo se ha hecho claro que en Venezuela existe una dictadura, que reprime, que tortura y que censura a todos los medios de comunicación.

Pueden ser o no creíbles las acusaciones del gobierno, pero en el contexto de Venezuela, son serias, han sido respaldadas por la propia Fiscal, usted misma le ha dado respuesta con la denuncia que formuló ante el Ministerio Público. ¿Estaría dispuesta a someterse al sistema de justicia venezolano, en el que ni usted ni otros venezolanos creen?

En el que nadie cree, porque yo te invito a que me digas una sola sentencia de la Sala Político Administrativa donde se haya favorecido a un ciudadano frente al estado, ante un planteamiento que tenga connotación política. Obviamente que todo el sistema de justicia, como el resto de los poderes públicos, está a su servicio. Y desde luego yo no confío en la justicia, pero insisto, hay que dejar la denuncia, el registro, la evidencia de hasta dónde han llegado, porque va a haber justicia. Estas personas actúan como si de verdad fueran intocables, se sienten intocables, que nada ni nadie va a poder hacerlos responsables de lo que han hecho; desde robarse las medicinas de los venezolanos y que por eso se nos estén muriendo los bebés, acabar con las reservas económicas, destruir y arruinar PDVSA, o incluso ordenar matar manifestantes pacíficos. Jamás olvidaré la expresión que tenía el señor Diosdado Cabello cuando, justo hace un año, me golpearon y me patearon frente a él, y la mirada y su sonrisa eran de “a nosotros nada nos va a impedir avanzar porque somos intocables” Y eso es lo que transmitían durante la denuncia que hicieron de un supuesto plan magnicida. Esto sería risible, poco ridículo por mal ejecutado, si no hubiese sido por la gravedad de la acusación, por quien la formula, lo que ellos llaman el Alto Mando Político, desde el vicepresidente hasta el presidente de PDVSA. Desde luego, también hay que tomar en cuenta los precedentes, hay dos alcaldes presos por haberse negado a reprimir. Está Leopoldo López preso y tratado como terrorista y acusado como criminal. Lo que está ocurriendo es muy grave, y en particular elevo una voz a los demócratas del mundo, especialmente a los de América Latina, y a los gobiernos de nuestro hemisferio, porque la indiferencia es complicidad.

¿Tiene temor de acabar presa como ellos?

Cómo podemos hablar de miedo cuando hay estudiantes que tienen a sus compañeros detenidos, torturados, asesinados y siguen luchando en la calle; cómo podemos hablar de miedo cuando hay madres que estaban frente al Palacio de Justicia cuando asaltaron el “Campamento de la Resistencia” que no tenían ni siquiera cómo pagar un abogado privado o una fianza que requiere un ingreso de 12 mil bolívares al mes (equivalente a $1,904 dólares). Una de ellas me dijo que al principio lo atajaba para que no saliera a la calle; después se quedaba rezando y hoy después de lo que había visto era ella la que iba a salir a la calle con él. Esa determinación, demuestra el coraje que hay en el pueblo de Venezuela, y si algo debe llenarnos de terror es imaginar que nuestros hijos puedan crecer en una Venezuela donde no tengan futuro. Porque saben que salen a la calle y los matan, donde de nada sirve estudiar y formarse porque no hay cómo subsistir. Donde en vez de verse como hermanos se ven como enemigos porque han sembrado la discordia entre nosotros. Este es el momento de entender que tenemos la fuerza, y con una ruta y una visión clara, esa fuerza es la que nos va a llevar hacia la transición a la democracia, con la valentía y el coraje cívico que hemos demostrado los venezolanos en el pasado.

¿Cree que el anuncio que ha hecho la Fiscal de posibles privativas de libertad, restricciones de salida del país, es un adelanto de lo que el gobierno pretende hacer con las cabezas de la oposición?

No voy a especular sobre lo que estos señores son capaces de hacer. Lo que está claro es que están desesperados porque saben que cruzaron una línea roja, una linea de violación de Derechos Humanos y que el mundo los descubrió. En este momento este movimiento tiene miles de líderes. La unidad genuina que Venezuela requiere desesperadamente incluye a todas las organizaciones políticas, pero va más allá. Es una unidad de abajo hacia arriba que incluye a todas las que han surgido en estos meses de lucha. Podrán ponernos a un lado a algunos de los voceros, de los dirigentes, y vendrán otros dispuestos a continuarla, porque esta lucha es hasta vencer, y nos va a conducir, como ya avanzamos, hacia la transición a la democracia.

Ha dicho que lo único que quiere del presidente Nicolás Maduro es que se vaya, pero siendo realistas ¿piensa que el presidente aceptará salir del poder por cualquiera de las vías democráticamente establecidas en la Constitución?

Lo que yo afirmé y repito es que no es magnicidio, ni golpe de estado, lo que queremos es que renuncie. Desde luego que no conozco un mandatario que por iniciativa propia haya dicho: yo me voy, renuncio. Lo hace cuando entiende que las presiones civiles, ciudadanas, y las condiciones son tales, que es la mejor opción para él y para el país. Todas las opciones, democráticas y electorales, que contempla la Constitución, exigen una gran movilización y organización ciudadana. Si se le dice a Venezuela que no hay otra opción para cambiar que esperar hasta el 2019, estamos entregando una Venezuela, desesperada por un presente y un futuro distintos, a la desesperanza. Seríamos responsables de que hubiese algún otro mecanismo de cambio, no democrático y anticonstitucional. Por eso siento que es nuestra obligación como dirigencia política y como miembros responsables de este movimiento plantearle a Venezuela una ruta a la transición y a la libertad que es constitucional, democrática, y que deriva en un proceso electoral. La renuncia es un mecanismo constitucional. Un movimiento ciudadano para exigir la renuncia, para canalizar y avanzar en la presión hacia ella es un mecanismo democrático y constitucional y que permitiría avanzar en paz, con respeto y en el encuentro de todos los venezolanos.

Pero ¿podría ser del interés del propio gobierno promover un contexto para una situación de violencia que justificara una acción fuera de la Constitución desde el seno del poder?

La violencia ya la han provocado. Estamos hablando de 43 venezolanos que ha perdido la vida asesinados; más de 800 heridos, más de 3.500 detenciones, casi 200 casos documentados de tortura en cárceles, cuarteles de la policía, comandos militares. La violencia ya existe y la ha ejecutado el régimen que tiene las armas y le conviene con el fin de aterrorizar e inhibir a una población ante la protesta. Han demostrado que, frente a esta situación crítica en lo económico, lo social, lo político y lo moral, buscan implementar un mecanismo de fuerza para acusar a otros, o para justificar aún mayor represión. Son capaces de todo. No quiero responsabilizar a nadie, pero lo que sí ha quedado claro es que estos señores, escrúpulos, no tienen.

¿Se entregaría a la justicia, como lo hizo Leopoldo López, si se formaliza una acusación en su contra por este caso de magnicidio?

Continuaré luchando sin descansar, hasta que alcancemos la democracia y la libertad en Venezuela para después avanzar juntos en su construcción. Yo dedico todos los días de mi vida para que esa transición a la democracia sea lo antes posible.

¿Incluso desde la cárcel?

Donde sea más útil a la lucha, allí quiero estar. Entendiendo perfectamente las amenazas que enfrentamos, pero también entiendo lo que se pretende hacer al desmovilizar las fuerzas que protestan a favor de ese cambio político en Venezuela.

¿Considera la posición fijada por la Mesa de la Unidad Democrática un respaldo hacia usted?

He tenido muestras de respaldo y confianza de todos los sectores del país, y también fuera de Venezuela, que me tienen conmovida. Es una muestra de que la gente me conoce. Yo hablo de forma frontalmente y planteo lo que creo y lo que quiero para Venezuela.

¿Ha generado el diálogo alguna división en la oposición?

Creo que ha quedado evidenciado lo que planteamos al inicio. Hay que exigir una serie de condiciones para que el diálogo no se convierta en nuevo engaño. No es la primera vez que el régimen ha llamado al diálogo, lo ha hecho durante 15 años muchas veces, y ya vemos cuáles han sido los resultados en el pasado: han violentado su palabra. Nuevamente lo hacen ahora, y la Mesa de la Unidad está pidiendo condiciones que son precisamente las que Leopoldo López, Antonio Ledezma y tantos otros miembros de la Unidad, consideramos que había que plantear desde el principio. Creo que el fracaso de esta estrategia, que estoy convencida fue impuesta desde La Habana, nos lleva ahora a una nueva fase de articulación y unidad entre todos aquellos que adversamos a un régimen dictatorial.

¿Cuál es su relación con el Movimiento Estudiantil en la actualidad?

Les tengo un enorme respeto. Me acompañaron a la Fiscalía, y lo hicieron espontáneamente. He manifestado en público y privado a cada uno de estos jóvenes que cuentan con todo nuestro apoyo. Pero creo en un Movimiento Estudiantil autónomo, como creo en un movimiento sindical autónomo. Creo en una sociedad rica en organizaciones, en expresiones, independientemente de sus visiones. Hoy no estamos en una contienda política tradicional, porque en Venezuela no hay democracia. Cuando enfrentas un régimen que quiere aniquilar todos los derechos, ya no es un tema solamente de las organizaciones políticas, es un tema existencial, donde todas las organizaciones civiles y estudiantiles estamos convocadas en una misma dirección.

Hace tres meses el lema de la protesta era “el que se cansa, pierde” ¿Cree que hay cansancio?

Hoy estamos más fuertes, mejor organizados y más conscientes de cuál es nuestra lucha. La protesta tiene diversas etapas y expresiones. Estamos en una segunda etapa, la primera fue despertar a Venezuela y la creación de las organizaciones de base. Esta segunda etapa es la articulación y movilización para avanzar en esta ruta y la tercera etapa será la transición, para finalmente llegar a una cuarta etapa que es la construcción de una nueva Venezuela, libre, justa democrática y digna.

¿Cuanto tiempo y cuánta sangre más va a tomar llegar a esa tercera etapa?

Esa es una forma muy peligrosa de plantearlo. En Venezuela asesinan cada 20 minutos a un venezolano, por la impunidad de este régimen. En Venezuela han muerto 20 bebés en Guanare porque no había las medicinas para atenderlos. Entonces, te preguntaría ¿cuántos muertos más y cuánta sangre más puede aguantar el pueblo de Venezuela antes de que haya una transición hacia la democracia y hacia la paz genuina?

Algunos funcionarios del gobierno del presidente Maduro la acusan de que presuntamente recibe financiamiento del extranjero para supuestamente llevar a cabo las acciones contra el gobierno. ¿Es cierto? ¿Con qué financia sus viajes, su participación en los diversos contextos internacionales?

Eso también se lo dicen a la Iglesia Católica, a los periodistas, a los sindicatos y al Movimiento Estudiantil. Que demuestren un solo bolívar que venga fuera de Venezuela que nosotros hayamos usado en nuestras actividades y movilizaciones. ¿De dónde lo hacemos? De los bolsillos de los venezolanos, muy golpeados por cierto, de gente que confió en nosotros. Pero lo más valioso es el trabajo voluntario de miles de venezolanos que dedicaron su talento y su tiempo a una causa, por unos ideales y unos valores que nos unen.

¿Qué extraña María Corina Machado, la mujer, de la María Corina que era antes de salir al ruedo político?

Tiempo para mis hijos… Tiempo para mis hijos. Es algo que extraño y como mamá a veces me da mucha culpa, porque en ocasiones, ando más con hijos de otros que con los míos propios. Pero al final en esta causa todos estos muchachos son nuestros hijos, y es por ellos que estamos dando esta lucha, por los venezolanos de hoy, de las generaciones futuras que crecerán en una Venezuela con esperanza, con oportunidad, seguridad, libertad, con dignidad porque nosotros, sus padres, y los jóvenes de esta generación asumimos el compromiso de conquistar la democracia.

Publicado en voanoticias.com