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Venezolanos con las alas cortadas

Cada vez son menos los venezolanos que tienen posibilidades de salir de Venezuela.
Cada vez son menos los venezolanos que tienen posibilidades de salir de Venezuela.

 

Mientras veo impaciente la pista por la ventanilla del avión me invade la incertidumbre de cuándo podré viajar de nuevo fuera de Venezuela.

Sentir que estoy a pocas horas de mi hogar, Caracas, me obliga a hacer un balance la aventura que significa hoy en día salir al extranjero desde Venezuela, la serie de obstáculos que hay que sortear, los trámites que hay que cumplir, y las cosas en que hay que pensar. Ciertamente salir al extranjero se ha vuelto un privilegio, pero es una prerrogativa muy cercana a la pesadilla.

Para comenzar las aerolíneas han reducido la frecuencia de sus vuelos a Venezuela, así como el número de sus asientos disponibles. En el peor de los casos, algunas simplemente dejaron de volar a este país sin ofrecer a los venezolanos opciones para poder viajar, ya sea por negocios, porque van a visitar a un familiar o simplemente porque todavía tienen la posibilidad de disfrutar de vacaciones.

El gobierno le debe a las aerolíneas internacionales unos $4 mil millones de dólares por operaciones en Venezuela durante los últimos dos años, pero las empresas no han podido repatriar su dinero por el estricto control de cambio del país impuesto desde el año 2003.

Ese es otro tema del que también podría escribir cientos de líneas para dibujarles la realidad de Venezuela, porque tiene efectos negativos sobre la comida que no se consigue, los medicamentos que hay que buscar por diversas farmacias, etc. Pero les prometo que de esto les contaré más adelante.

Cuán difícil es conseguir un pasaje, se preguntarán. Pues un pasaje Nueva York-Bogotá costaba en mayo $540 dólares, y uno, Nueva York-Caracas, $5.000,00. Solo que ahora no hay oferta de boletos.

Para ir a mi destino, en un viaje que pude haber efectuado en ocho horas, invertí tres días, haciendo dos escalas, con los correspondientes costos de alojamiento que casi superan la asignación de los dólares otorgados por el estado para viajar, porque hasta lo que se puede consumir en el extranjero es controlado al venezolano.

El gobierno decide cuántos dólares —que tú pagas de tu bolsillo— puedes gastar fuera; dependiendo del destino tienes acceso a más cantidad: si vas a Miami, $700 dólares, pero si vas a Cuba te permiten consumir la totalidad de los $3.000 dólares del cupo anual que te asignan ¿Curioso, no?

¿Quieren sorprenderse aún más? La logística que implica salir de Venezuela también tiene sus dificultades. Si el vuelo sale a las 7:00 de la mañana hay que estar a las 3:00 de la madrugada en el aeropuerto que queda a 38.1 kilómetros de Caracas.

Salir de noche en Caracas implica un riesgo, si tomamos en cuenta que la inseguridad tiene secuestradas las calles de Venezuela.

Eso obliga, a quien puede, a tomar previsiones como viajar la tarde anterior, quedarse en un hotel cerca del aeropuerto para estar las cuatro horas previas que la agencia de viaje sugiere llegar, sin poner en peligro la vida.

Tan sólo en el mes de septiembre fueron asesinadas 423 personas en Caracas, según las cifras que publica la prensa venezolana, porque tampoco hay acceso a las cifras oficiales.

El asunto de viajar es tan complicado que va mas allá de despegar, llegar a destino y disfrutar. Los venezolanos que todavía podemos salir al extranjero no perdemos la oportunidad de regresar con lo que no hay en el país.

En condiciones normales el equipaje de un venezolano vendría lleno de ropa nueva, zapatos y el perfume de última moda. Ahora las maletas están cargadas de las medicinas que no se consiguen y que pueden comprarse sin receta médica.

Para que tengan una idea, mi maleta viene llena de acetaminofén, un analgésico de venta sin prescripción, recetado para tratar dos de las epidemias que en la actualidad mantienen en vilo a 45.745 personas que padecen dengue y 398 por chikungunya, en lo que va de año, según cifras del gobierno.

Los laboratorios han informado que la escasez de medicamentos en muchos casos llega hasta un 50%. ¿La causa? La misma crisis cambiaria que afecta la compra de pasajes aéreos.

En todo eso pienso ahora que faltan sólo tres horas para llegar a Bogotá, donde esperaré hasta el día siguiente para tomar otro vuelo hacia Caracas a reencontrarme con mi realidad.

Lo más paradójico es que todo esto sucede en un país como Venezuela que ha disfrutado de un largo período de altos precios en el barril de petróleo.

Y no sé cuándo volveré a salir de Venezuela, al menos por un buen tiempo.

Publicado en voanoticias.com

La inseguridad separa familias en Venezuela

La inseguridad es junto a la escasez y el desabastecimiento uno de los principales problemas de los venezolanos.
La inseguridad es junto a la escasez y el desabastecimiento uno de los principales problemas de los venezolanos.

Así como las colas para comprar alimentos, la emigración en Venezuela se ha vuelto algo cotidiano. Los venezolanos emigran huyendo de la inseguridad, a costa de la unión familiar.

Miguel Robles pierde su vista por la ventana al recordar ese episodio de su vida que creía lejano pero que hoy vive de nuevo en la carne de su hijo: ser inmigrante.

El aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Venezuela, fue el lugar donde pasó las primeras 24 horas de su vida en Venezuela; a donde llegó con $50 dólares en la cartera en 1983. Huía de la dictadura de Augusto Pinochet en Chile.

Ese aeropuerto será el mismo lugar donde, la primera semana de febrero, despida a su hijo de 21 años que se va de Venezuela, pero no huyendo de una dictadura, sino de la inseguridad, uno de los principales problemas que enfrentan los venezolanos.

“Con la decisión de mandarlo para afuera, lo estoy cuidando”, dice tajante Robles sobre su hijo, Miguel Ángel, quien deja año y medio de carrera de comunicación social en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y su amor por el ciclismo.

En Venezuela murieron en forma violenta 24.980 personas en 2014, según cifras de la organización no gubernamental Observatorio Venezolano de Violencia (OVV).

El gobierno no ha entregado cifras oficiales de personas que mueren asesinadas a manos de la delincuencia.

El presidente Nicolás Maduro omitió hablar del tema de la inseguridad durante su mensaje a la nación en enero de este año.

“Le pido a mi hijo que me de certeza de que está saliendo de Venezuela conscientemente. Si me dijera que quiere quedarse a pesar de todo no se iría. Pero tememos por su seguridad en Venezuela”, añadió Robles.

Su caso no es el único. Los venezolanos que tienen los recursos económicos, anteponen la seguridad para preservar la vida de los jóvenes por encima de la unidad familiar, en un país donde sus funcionarios han dicho en el pasado que la inseguridad es un asunto de “percepción”.

En 2014 abandonaron Venezuela un millón 200 mil venezolanos, según el sociólogo Iván de la Vega, profesor de la Universidad Simón Bolívar.

La inseguridad, razones políticas o búsqueda de una mejor calidad de vida son las causas que motivan a los venezolanos a marcharse del país.

Al pensar en la distancia con su hijo, Robles siente tristeza al saber que no podrá abrazarlo cuando lo desee, o no podrá verlo pedalear en la bicicleta.

Pero a todo eso se sobrepone al saber que “podrá caminar tranquilo por las calles y que con cualquier sueldo va a poder comprarse lo que quiera, que va a estar apoyado por su abuela y por sus tías”, se consuela Robles.

Su hijo engrosará las estadísticas de venezolanos que se van a vivir a Estados Unidos buscando un mejor futuro.

Según la medición que hizo la Oficina de Censo Americano, en 2011 se contabilizaron 259.000 emigrantes venezolanos en ese país.

Robles se siente “seguro de saber que es un muchacho maduro y sólido y podrá llevar una situación como la que yo viví hace 31 años en Caracas”.

Publicado en voanoticias.com