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Dos años sin Chávez

No son pocos los decepcionados de Chávez y de su sucesor.

La partida física de Hugo Chávez sirve para contrastar la dicotomía que vive Venezuela: la de un gobierno que dice mantener su legado y la de una parte de los venezolanos desencantados de él.

Sus manos se apoyaban sobre el negro y frío mármol con el que está cubierto el féretro. Por segundo año, Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, le rindió honores a Hugo Chávez, quien antes de morir lo designó su heredero político.

En el Cuartel de la Montaña, en Caracas, donde Chávez se entregó tras el fallido golpe de Estado que intentó en 1992, reposan sus restos.

Desde abril de 2013, cuando Maduro ganó la presidencia, ha intentado mantener el “legado del comandante eterno”, como le llaman sus seguidores.

Pero lejos de caminar hacia el “mar de la suprema felicidad” como prometió Chávez a los venezolanos, estos sufren una crítica situación económica.

Maduro carga sobre sus hombros y alienta un modelo económico inviable sustentado en el llamado “Socialismo del siglo XXI”.

Las promesas de Chávez, y la realidad que se vive tras su muerte, quizás le habrán venido a la mente a Luis Pereda quien desde el oriente de Venezuela, en la isla de Margarita, vio a Maduro rindiendo tributo a Chávez por la prensa o la televisión.

Desde hacía 15 años Pereda, pescador de oficio en la semana, vendía cocos los fines de semana por necesidad frente a los restaurantes que había en playa El Agua, uno de los lugares más populares para turistas nacionales y extranjeros.

Pero ahora no sabe cómo ganará dinero, porque el gobierno de Maduro demolió los locales comerciales privados, con la promesa de construir un bulevar más atractivo para el turismo.

“Uno lo que anda es llorando porque ahora no tiene trabajo. Esto se ha caído por este gobierno, todo lo ha echado a perder. Yo voté por los dos, por Chávez y Maduro, pero estoy arrepentido por lo que están haciendo”, dijo a la Voz de América.

Teme que cuando las obras estén listas no lo dejen estar frente a la playa vendiendo cocos.

“Aquí va a estar mucha gente de real y no nos van a dejar entrar a trabajar”, agregó.

El parecer de Pereda contrasta con lo prometido por el chavismo: igualdad para todos.

En lo único que hay igualdad hoy en Venezuela es en la dificultad para conseguir alimentos, y en que durante el año que culminó su valor se incrementó en 102,5% según cifras oficiales.

A los chavistas ni siquiera la oración creada en honor a su líder los ha salvado de esa realidad que perciben en sus bolsillos cuando de llevar el pan a casa se trata.

“Danos hoy tu luz para que nos guíe cada día, no nos dejes caer en la tentación del capitalismo, mas líbranos de la maldad de la oligarquía, (…) Por los siglos de los siglos amén. Viva Chávez”, invocaron en septiembre pasado por primera vez, sin ver resultados.

El gobierno, encargado de continuar con lo que llaman “su legado”, se ha ocupado en el último año de demostrar, a los venezolanos y al mundo, que hay confabulaciones que intentan separar a Maduro del poder, postergando por esta causa, de forma recurrente, la toma de decisiones para hacer frente a la crisis.

Diversos voceros del oficialismo han dedicado su tiempo a promover la confrontación política con la oposición venezolana y constantemente con países como Estados Unidos.

Maduro incluso pidió este 5 de marzo, durante uno de los múltiples actos conmemorativos por los dos años de la muerte de Chávez, que salieran a la calle si algo le pasaba.

“Si ustedes amanecieran con una noticia de que me ha sucedido algo, salgan a la calle a restablecer la paz”, instó Maduro.

Publicado en voanoticias.com

Aunque la justicia es ciega, llegará

Después de diez meses, los venezolanos ven agravadas la inseguridad, el desabastecimiento, la escasez y la violación de derechos humanos.

La violación de derechos humanos, delito que no prescribe, es la causa de las sanciones que ejercerá Estados Unidos contra funcionarios venezolanos

La acera palpita calor, pesa en el asfalto todo el sol del día.

La gente se agolpa en la entrada de un supermercado en la avenida Francisco de Miranda, en Caracas, donde ha llegado algún producto, uno de los desaparecidos de los anaqueles desde hace semanas.

Los ánimos de los que esperan resignados, no ayudan a sobrellevar la situación. Esta tarde venden azúcar y compotas.

Algunos comerciantes deben llamar a los agentes de la policía para evitar el caos o, en el peor de los casos, custodiar sus comercios.

Mientras en Estados Unidos, el presidente Barack Obama promulga una ley que sancionará a los funcionarios del gobierno del presidente Nicolás Maduro, acusados de violar los derechos humanos de quienes manifestaron en su contra en Venezuela, entre febrero y mayo pasado.

Mario Bebilacqua, un estudiante de comunicación social de 18 años, trata de alcanzar la calle evadiendo a los que se amontonan ante la puerta del supermercado.

Al ser abordado para pulsar su opinión sobre las sanciones aprobadas por Obama, responde recordando lo que le sucedió cuando fue convocada una movilización en apoyo a la diputada opositora depuesta María Corina Machado.

“Yo fui impactado por una bomba lacrimógena de la Policía Nacional el primero de abril en Caracas”, recuerda.

Bebilacqua lleva en su frente una cicatriz de 19 puntos que le recordará, por siempre, la represión de la policía durante las protestas en Venezuela contra el gobierno de Maduro. Su mirada aunque es esquiva, muestra una rabia contenida.

“Estados Unidos tomó la decisión correcta”, remata Bebilacqua.

Por su convicción de un país diferente no se ha convertido en emigrante. Sigue su camino y desaparece entre la multitud que sale de las oficinas en el momento en el que termina una día más de trabajo.

El remolino de personas yendo y viniendo con bolsas, es síntoma de una ciudad que busca refugiarse antes de que caiga la noche, pues ésta la deja aún más expuesta ante la inseguridad.

Hay quienes evaden hablar del tema de las sanciones porque son funcionarios públicos y siguen, apurados, su camino.

Pero las plazas parecen ajenas a esa prisa.

Son, por excelencia, el lugar obligatorio de encuentro de quienes pertenecen a la llamada tercera edad.

Al caraqueño le gusta hablar, expone sus ideas, siente que tiene que decir lo que piensa.

Silfrido Gómez, un músico de 63 años, aplaude la medida que tomó Estados Unidos para sancionar a funcionarios venezolanos acusados de violar derechos humanos.

“Todo el que la hace tiene que pagarla, los ladrones, los que están perjudicando al país…”.

La ley del Talión planteada en el siglo XXI.

Pero no todo el mundo ve las cosas igual. Mabel Marimón, una trabajadora residencial de 57 años, advierte que cada país es libre de ejercer las leyes que quiera, pero dentro de su territorio.

“Que hagan lo que ellos [Estados Unidos] estimen conveniente en su país, donde ellos mandan”, sostiene Marimón.

Estos testimonios dibujan la polarización que se vive en las calles, aunque las más recientes encuestas revelan una caída en la popularidad de Maduro, desde abril de 2013 a noviembre de este año, de casi 25 puntos.

Durante las protestas registradas entre febrero y mayo asesinaron a 43 personas. Al menos 38 casos de tortura fueron denunciados ante la ONU. Ante el silencio de la mayoría de los medios de comunicación social, las redes sociales dieron cuenta, en ese momento, de terribles escenas vistas en videos grabados por aficionados.

La inseguridad, el desabastecimiento, la escasez fueron las razones que movilizaron esas protestas.

La incapacidad del gobierno, de dar solución a esos problemas, encontró una sola salida: la represión.

Desde entonces y hasta ahora viene bajando por una empinada pendiente una avalancha que el gobierno de Maduro, heredero del chavismo, pareciera no tener cómo detener: pagar por las violaciones de derechos humanos.

La Corte Penal Internacional espera con paciencia.

Publicado en voanoticias.com