El vuelo de la libélula

Pinta una escena de El pájaro guarandol, un baile tradicional del oriente venezolano, sobre un lienzo fondeado en acrílico rojo. De uno tan intenso como el de la sangre que brotó de su ojo derecho por los golpes que recibió de un vecino hace nueve años. El haber perdido la vista en ese ojo no le impide a Rodolfo Albarrán continuar haciendo lo que desea.

Su rutina comienza a las seis y media de la mañana en la entrada de su casa. Un muro de ladrillos, de bloques de arcilla desnudos, separa la calle del espacio donde trabaja, que mide casi una vara por cinco. Suficiente como para sentarse en una silla, que recuesta de la pared de la entrada, frente al caballete, y tener espacio además para colocar los cuadros a secar luego de terminada la jornada. Está vestido con una camisa azul a medio abotonar, lo que deja al descubierto parte de su torso peludo que se confunde con una larga barba blanca que casi le llega al ombligo. Su cabello gris, que nace desde la mitad del cráneo le cae en ondas hasta los hombros. Lleva unos lentes con los que quizás le da potencia a su ojo izquierdo que hace la función de los dos.

La coordinación para llegar hasta su casa fue un trabajo de meses que contó con la ayuda de Tahiry Baute, amiga universitaria y periodista, quien tuvo la fortuna de conocer, en julio de 2015, a Flor Canavire —la compañera de Albarrán desde hace casi 30 años—, en una feria de pequeños y medianos artesanos y empresarios en el hotel Mare Mare de Puerto La Cruz, en el estado Anzoátegui. Allí intentaba, como usualmente lo hace, vender un cuadro de Albarrán.  Del dinero que gana con la venta de sus lienzos es que se mantienen.

En el trayecto a su casa en la calle Andrés Bello, en el sector Valle Lindo de Puerto La Cruz, desde el centro comercial en Barcelona donde nos encontramos, Flor delata lo reservado de su carácter al hablar —casi obligada— de su relación con él. Pero al hacerlo sus ojos brillan, tanto como las gotas de sudor que en su frente morena semejan una diadema.

—Lo conocí de forma fortuita—dice sin poder contener la risa cómplice que hace  esconder sus ojos. Se fue a vivir con él a los seis meses dejando plantado al novio con el que se iba a casar, a pesar de que su familia se opuso por considerarlo “bohemio”. Ella tenía un cargo político en el partido Copei y solo lo veía los fines de semana porque trabajaba en Boca de Uchire, a 116 kilómetros de Puerto La Cruz. La errancia de Albarrán y Flor los llevó a diversas ciudades, entre ellas Caracas, a donde fueron a comprar materiales, ida por vuelta, pero se quedaron siete años en hoteles en zona de La Concordia. Allí pintaba en la plaza, donde se dio a conocer. En ese lapso hizo dos exposiciones en instalaciones militares.

— A medida que ha pasado el tiempo su pintura ha mejorado en los colores, los temas folclóricos que hace. Yo he sido su inspiración —deja colar una risita contenida— la que lo ha ayudado mucho a que siga adelante, investigando para que los cuadros queden más bonitos. Estudia sobre los colores y las diferentes culturas, porque además dicta talleres de títeres y pintura a niños entre 8 y 10 a través del Ministerio de Cultura desde hace 19 años.

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Colectivos y cubanos conviven con la Fuerza Armada Nacional

La presencia activa en el país de ciudadanos cubanos y la participación en armas de los grupos irregulares llamados colectivos es asunto que hoy conocen las más altas autoridades militares de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). La institución ha perdido el monopolio constitucional sobre el poder bélico, que había mantenido en el Estado democrático.

De hecho en 2014, el entonces comandante del Cuerpo de Infantería de Marina de la Armada, el vicealmirante Pedro Miguel Pérez Rodríguez, envió a la ministra de Defensa, Carmen Meléndez, al entonces jefe del Comando Estratégico Operacional, general Wilmer Padrino López y a todo el alto mando militar naval, una denuncia sustentada con el testimonio del teniente de navío Wilmer Aguirre Antequera, integrante del batallón de comunicaciones del cuerpo de Infantería de Marina Felipe Baptista.

El oficial en comisión de servicio en la Gran Misión Barrio Nuevo Barrio Tricolor notificó la novedad de la presencia de personas identificadas como integrantes de las “Fuerzas Revolucionarias José Félix Ribas” y su dotación de equipos de comunicaciones y armamento.

En los últimos años el poder de estos grupos civiles armados se ha hecho creciente, como es público y notorio, los colectivos se han convertido en el verdadero poder de facto en barriadas enteras, entre ellas la urbanización 23 de enero, de Caracas, como lo han reportado medios independientes. Hace pocos días una célula de ellos también mostró un inédito grado de violencia y alevosía al atacar, golpear y desnudar en plena calle a un grupo inocente de adolescentes seminaristas en Mérida.

También han rechazado dejar las armas, en caso de que así se los pidan.
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Guillermo Morón: Los falsos héroes, como Chávez, desaparecen

El miembro de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela asegura que la población retomará el curso de la historia
El miembro de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela asegura que la población retomará el curso de la historia

Las paredes de la casa del historiador venezolano Guillermo Morón guardan cuentos y conocimientos para ser leídos. Tantos como los que puede contar este miembro de la Academia de la Historia venezolana a sus 90 años, de los cuales, al menos 75 ha sido testigo consciente de la construcción de la democracia como sistema de gobierno. Repasar con él los últimos 18 años fue el propósito de esta conversación que comenzó con una advertencia de su parte: “esta es la última entrevista que doy”.
La comprensión de sus limitaciones dice mucho de un ser humano, pero su incomprensión dice aún más. Y así lo deja claro Morón durante este diálogo. El cariño, la lealtad y la fidelidad, que son valores muy preciados para Morón, los advierte hoy como ausentes en Venezuela. Y para él su causa es clara.
“Por Chávez, porque él fue un destructor activo de la educación, del amor al país, de la honradez. Pasará a la historia cuando pase, todavía no lo han valorado, como uno de los peores personajes de la política nacional desde el siglo XVI hasta nuestros días. Nadie ha estudiado su personalidad ni su actividad política destructora durante 18 años.
-¿Y por qué usted no lo ha hecho?
Porque no he tenido la inteligencia ni la juventud apropiada para eso, porque se necesita dedicar tiempo, conocimiento de la historia del país, saber quién es la familia Chávez –que eso sí lo sé yo por razones familiares—pero no he querido hacerlo porque estoy viejo. Chávez fue hijo de un maestro de escuela muy competente, inteligente y honrado con el cual tuvo muy buena relación mi familia. Yo lo conozco porque mi obligación como historiador es saber lo que ocurre en el país.
-¿Cree que es posible desmontar el intento de desmitificar al expresidente Chávez, promovido por el chavismo, con el que ha querido equipararlo con el Libertador Simón Bolívar?
Claro que es posible. Chávez no se parece en nada a Simón Bolívar, ni siquiera en el color. Bolívar era blanco de la plaza y Chávez un ‘negrito’ de la plaza –dice en ese tono jocoso propio del venezolano cuando se refiere a los colores de piel y que el chavismo se encargó de satanizar—. Bolívar sigue siendo el Libertador, Chávez fue un destructor en forma ordenada y sistemática. Recuerde: `¡treinta años de cárcel! ¡ gas del bueno! ¡exprópiese!’. Esas tres expresiones caracterizan la dictadura de Chávez.
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Hausmann: Venezuela vivirá el período económico más negro durante el revocatorio

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La oficina de Ricardo Hausmann, en Cambridge, tiene la armonía propicia para dedicarse a pensar cómo resolver difíciles problemas propios de un economista que se ocupa de diseñar políticas públicas. De hecho, este venezolano, otrora ministro de Planificación del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, hoy director del Centro para el Desarrollo Internacional y profesor de Economía del desarrollo en la Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard, tiene trazadas en su pizarra algunas líneas de acción en el caso de la crisis de Venezuela. Pero Hausmann está claro en que ante el error estratégico en que persiste el heredero de Chávez para gobernar, no hay posibilidad de solución, por lo que está convencido de que es inevitable un cambio en las ideas para ejercer el poder. Hausmann reflexiona que lo que viven los venezolanos dejará un gran aprendizaje, pero también profundas cicatrices por la magnitud de la destrucción del Estado y de la sociedad venezolana.

-¿Cuál es su visión de lo que sucede en Venezuela en este momento? ¿Cómo incide en esto la falta de planificación estratégica?
Desde que terminé mi doctorado en Economía en el año 81, he estudiado muchas situaciones. He trabajado en alrededor de 59 países y nunca he visto una como la que Venezuela está enfrentando en 2016. Esto es lo peor que he visto, un colapso en tantas dimensiones y con un costo social de tal magnitud que no tiene similitudes históricas. Trabajé en Liberia después de la guerra civil (1999-2003) —claro, un Estado más pobre— donde muchas más cosas estaban funcionando. Esta es una situación en la cual el nivel de vida de la gente está colapsando a un ritmo impresionante, la capacidad productiva está desapareciendo, hay pocos casos en la historia con los que se pueda comparar la inflación y la hiperinflación. Y en esos pocos casos no hubo el resto de los colapsos en materia de educación, salud, de electricidad, seguridad. Venezuela está viviendo el desastre social más grande que se ha visto casi en el mundo en décadas. Eso refleja no que ha tenido mala suerte, sino que a pesar de que el país tuvo la fortuna de tener el boom petrolero más grande y más largo de su historia, mientras que otros países guardaron para los años de vacas flacas, Venezuela usó el boom petrolero para quintuplicar su deuda pública externa, para expropiar al sector privado y dar la sensación al país de que no importaba si las cosas las administraba el Estado, porque igual si no las sabía administrar, las podía importar. Ahora se encuentra en una situación en la que cayó el ingreso petrolero, tiene una deuda gigantesca y para pagar esa deuda ha dejado al país muerto de hambre, ha estado liquidando religiosamente su deuda externa y no ha estado liquidando las importaciones que está haciendo la economía, y vemos como cierran las empresas, porque no hay divisas con las cuales mantener al país. Estamos viendo cómo está colapsando Petróleos de Venezuela, que a pesar de haberle metido unos 50 mil millones de dólares, —que son como dos años de exportación de petróleo—al parque termoeléctrico del país y no hay electricidad, porque esas plantas no las saben operar. Este desastre donde la gente está dispuesta a pasar horas y horas de cola para ver si come algo, es el reflejo de un fracaso en la conducción económica y social del país a pesar de la buena suerte. Y eso la historia lo va a tener que reconocer así.
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Entrevista a Luis Almagro Secretario de la OEA

Se pueden imaginar lo complicado de la agenda el Secretario de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, quien viene haciendo gestiones para que el caso de Venezuela sea asunto de discusión en el seno de esta instancia multiestatal, tal y como ocurrió este miércoles 1 de junio. Pero a pesar de esto, en casi 11 minutos, pude conversar con él justo en medio de sus gestiones para ese fin.

Aquí pueden ver la entrevista completa que me concedió el 19 de mayo, en el trayecto de 5,8 kilómetros que va desde su oficina en Washington DC, donde está la sede de la OEA, hasta la estación del tren. En este recorrido Almagro profundizó sobre aspectos puntuales de la crisis de Venezuela.

Torres: Se evaporan los sueños de felicidad prometidos por la revolución


Gerver Torres se confiesa optimista por decisión. Cuando uno es optimista siempre gana, —aclara al iniciar esta conversación—. “El pesimismo es muerte. Cuando el pesimista tiene razón no sirve para nada. Prefiero ser optimista sin razón que pesimista con razón”.
Seguramente por la dinámica que vive Venezuela usted no ha tenido tiempo de preguntarse si es o no feliz. Y además se habrá sorprendido de informaciones que en el pasado ubicaron a los ciudadanos venezolanos entre los diez primeros más felices del mundo en una medición que hace la consultora Gallup en 138 países. Este dato parece contradictorio cuando es analizado a la luz del contexto socioeconómico y que sin duda implica además una crisis de valores, más allá de la económica y social.

¿Se imagina que todas las políticas públicas venezolanas —en caso de que existieran— pasaran por el filtro de su impacto en la felicidad de sus ciudadanos? Bután ubicado en el sur de Asia, que limita con China e India, fue el primer país en implementar en 1972 el indicador de la Felicidad Nacional Bruta (FNB) como una categoría de medida par determinar el impacto que tiene el Producto Interno Bruto (PNB) en el bienestar de sus ciudadanos.

Hasta el año pasado Venezuela había estado en los primeros 50 países de 138 del mundo en donde sus habitantes se consideraban felices, asunto que resulta incomprensible para muchos venezolanos —no para el gobierno ni sus seguidores que lo manipulan a su favor— a causa de la crisis socioeconómica, pero además de valores y de las instituciones en la que se encuentra sumida Venezuela inocultables tras la muerte de Hugo Chávez.

Para el informe que publicará Gallup este 2016 Venezuela se ubica en el puesto 56, bajando 33 puestos con relación 2015 cuando se posicionó en el 23. Según los datos que presentará Gallup en su informe de este año 28,7% de la población venezolana se considera próspera; 61,1% se encuentra luchando y 10,3% en condición de sufrimiento.

En 2013 cuando Maduro anunció la creación del viceministerio de felicidad Venezuela ocupó el puesto 20 del ranking y en 2014 ascendió al puesto 10. El retroceso que ha experimentado desde 2010, cuando la medición de Gallup registró a Venezuela en el sexto lugar de los países más felices del mundo Venezuela, hasta hoy tiene una clara explicación para el economista y PhD venezolano Gerver Torres, consultor para América Latina de Gallup.

Torres se confiesa optimista por decisión. Cuando uno es optimista siempre gana, —aclara al iniciar esta conversación—. “El pesimismo es muerte. Cuando el pesimista tiene razón no sirve para nada. Prefiero ser optimista sin razón que pesimista con razón”. Desde su convicción y con los parámetros de medición que emplea Gallup analiza los resultados de 2016 y explica el por qué del cambio en la sensación de bienestar que sienten los venezolanos.

-¿Qué interpretación debe hacerse de estos datos? ¿Cómo se explica el retroceso de 33 puestos en ese ranking de felicidad?

En 2006, cuando se hizo la medición, los venezolanos se ubicaron en el porcentaje más alto: 26% dijo que estaban teniendo la mejor vida posible. Lo que se observa es una caída sostenida del bienestar de los venezolanos. Hace diez años el gobierno tenía recursos, pero lo que básicamente predominaba era un sueño de país, en ese caso chavista, expresado por Hugo Chávez que a mi juicio fue siempre un líder excepcional, lo cual no quiere decir bueno. Fue fuera de serie, en su capacidad de conectarse con la gente, de generar la esperanza de un mundo mejor y creo que eso se reflejó en buena parte de la población venezolana. La gente creyó la narrativa del régimen, que estábamos construyendo un gran país, una potencia, que estábamos convirtiéndonos en un ejemplo de lo que podía ser una sociedad. En la medida en que la realidad comenzó a adueñarse de la vida de la gente, que las políticas gubernamentales fueron inviables, insostenibles, esos niveles de bienestar comenzaron a caer.

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Cisneros: El gran reto es rescatar a Venezuela del “hombre nuevo del socialismo del siglo XXI”

La estrategia es un concepto proveniente del entorno militar que define el uso de los recursos para desarrollar operaciones tácticas con el fin de ganar una guerra. Cuando es incorporado a la generación de pensamiento y acción define la orientación con la que una nación planifica, con visión de largo plazo, el logro de su interés nacional tal y como está asentado en su constitución.

Imelda Cisneros, fellow de la Universidad de Harvard desde 1996, Magíster en Ciencias Políticas en la Universidad de Waterloo, consultora estratégica organizacional y exministra de Fomento del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, está convencida de que en el caso de Venezuela el mejor programa social es un buen plan de gobierno. Pero el gran reto cuando se registre un cambio en la conducción política del país, por la vía constitucional, es revertir ese «hombre nuevo» creado por la llamada «revolución socialista del siglo XXI»

-En términos de los logros del gobierno de acuerdo a una planificación estratégica reflejada en el Plan Nacional Simón Bolívar y el Plan de la Patria? Si es que los considera como tal, ¿cómo evalúa el país?

Analizar la situación de Venezuela es muy complejo, porque el gobierno no es un grupo homogéneo. Hay enchufados, militares, militantes del PSUV más y menos dogmáticos. Todo este grupo que maneja al país se ha convertido en una élite amorfa, gris, enredada, muy difícil de analizar. Pero si nos guiamos por lo que podría ser el pensamiento ideológico de Chávez y de su doctrina, si eso existe, y de su ideología, si eso existe, que no es marxista, ni fachista sino algo también amorfo que podemos señalar como la «Revolución del siglo XXI», ellos han sido unos grandes triunfadores.

Quien se posiciona como integrante del equipo del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez reflexiona sobre ese éxito contradiciendo a quienes dicen que ese fue un buen equipo de gobierno, asegurando que fue un equipo fracasado y que los verdaderos exitosos han sido “estos que han logrado permanecer en el poder y han logrado destruir lo que existía para, supuestamente, construir algo distinto y crear al hombre nuevo. Han logrado solo la primera parte porque lo han destruido todo. Cada vez veo más difícil vivir como estamos viviendo, hay una destrucción total del país”.

– ¿Cree que el objetivo estratégico del chavismo y su continuación en el poder fue la destrucción de lo que había para construir? ¿Lo lograron?

Sí, lo lograron, creyendo que iban a poder montar algo nuevo. Pero el nivel de destrucción ha sido tal que no hay ninguna posibilidad de que logren montar algo nuevo, y para nosotros va a ser muy difícil.

-¿Chávez tenía un objetivo estratégico?

Yo creo que Chávez sí tenía un objetivo estratégico: una sociedad plana, igualitaria, basada en rebajar a los que estaban arriba en vez de llevar hacia arriba a los que estaban abajo. Para mí era esa su concepción, precisamente por ese odio y ese reconcomio interno de las personas que tienen resentimiento con la vida por lo que fueron, por lo que fue su familia. Ese tipo de gente no puede ver la situación en positivo, hacia la excelencia. Lo que buscan es disminuir a los demás en vez de ayudarlos a mejorar. Soy demócrata y no veo una salida que no sea por la vía constitucional y en los valores de la democracia. Desde un principio decía que si se atornillaban iban a destruir al país, no solo desde el punto de vista de la infraestructura, sino desde el moral, de el de los valores. Y fue así, destruyeron todas las instituciones del Estado. Ahora estamos tratando de recuperar el Poder Legislativo, pero también intentan acabarlo. ¿Cuál es el «hombre nuevo» que dicen ellos? Creo que en el tuétano el venezolano siguen siendo como lo conocíamos, con su bochinche, con su forma caribeña.

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Dos años sin Chávez

No son pocos los decepcionados de Chávez y de su sucesor.

La partida física de Hugo Chávez sirve para contrastar la dicotomía que vive Venezuela: la de un gobierno que dice mantener su legado y la de una parte de los venezolanos desencantados de él.

Sus manos se apoyaban sobre el negro y frío mármol con el que está cubierto el féretro. Por segundo año, Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, le rindió honores a Hugo Chávez, quien antes de morir lo designó su heredero político.

En el Cuartel de la Montaña, en Caracas, donde Chávez se entregó tras el fallido golpe de Estado que intentó en 1992, reposan sus restos.

Desde abril de 2013, cuando Maduro ganó la presidencia, ha intentado mantener el “legado del comandante eterno”, como le llaman sus seguidores.

Pero lejos de caminar hacia el “mar de la suprema felicidad” como prometió Chávez a los venezolanos, estos sufren una crítica situación económica.

Maduro carga sobre sus hombros y alienta un modelo económico inviable sustentado en el llamado “Socialismo del siglo XXI”.

Las promesas de Chávez, y la realidad que se vive tras su muerte, quizás le habrán venido a la mente a Luis Pereda quien desde el oriente de Venezuela, en la isla de Margarita, vio a Maduro rindiendo tributo a Chávez por la prensa o la televisión.

Desde hacía 15 años Pereda, pescador de oficio en la semana, vendía cocos los fines de semana por necesidad frente a los restaurantes que había en playa El Agua, uno de los lugares más populares para turistas nacionales y extranjeros.

Pero ahora no sabe cómo ganará dinero, porque el gobierno de Maduro demolió los locales comerciales privados, con la promesa de construir un bulevar más atractivo para el turismo.

“Uno lo que anda es llorando porque ahora no tiene trabajo. Esto se ha caído por este gobierno, todo lo ha echado a perder. Yo voté por los dos, por Chávez y Maduro, pero estoy arrepentido por lo que están haciendo”, dijo a la Voz de América.

Teme que cuando las obras estén listas no lo dejen estar frente a la playa vendiendo cocos.

“Aquí va a estar mucha gente de real y no nos van a dejar entrar a trabajar”, agregó.

El parecer de Pereda contrasta con lo prometido por el chavismo: igualdad para todos.

En lo único que hay igualdad hoy en Venezuela es en la dificultad para conseguir alimentos, y en que durante el año que culminó su valor se incrementó en 102,5% según cifras oficiales.

A los chavistas ni siquiera la oración creada en honor a su líder los ha salvado de esa realidad que perciben en sus bolsillos cuando de llevar el pan a casa se trata.

“Danos hoy tu luz para que nos guíe cada día, no nos dejes caer en la tentación del capitalismo, mas líbranos de la maldad de la oligarquía, (…) Por los siglos de los siglos amén. Viva Chávez”, invocaron en septiembre pasado por primera vez, sin ver resultados.

El gobierno, encargado de continuar con lo que llaman “su legado”, se ha ocupado en el último año de demostrar, a los venezolanos y al mundo, que hay confabulaciones que intentan separar a Maduro del poder, postergando por esta causa, de forma recurrente, la toma de decisiones para hacer frente a la crisis.

Diversos voceros del oficialismo han dedicado su tiempo a promover la confrontación política con la oposición venezolana y constantemente con países como Estados Unidos.

Maduro incluso pidió este 5 de marzo, durante uno de los múltiples actos conmemorativos por los dos años de la muerte de Chávez, que salieran a la calle si algo le pasaba.

“Si ustedes amanecieran con una noticia de que me ha sucedido algo, salgan a la calle a restablecer la paz”, instó Maduro.

Publicado en voanoticias.com

La suprema infelicidad

Los venezolanos invierten parte de su día buscando los alimentos básicos y haciendo colas para poder comprarlos.

El gobierno de Venezuela asegura que los venezolanos son más felices ahora, aunque recientes sondeos de opinión reflejan lo contrario.

El gobierno del presidente Nicolás Maduro pretende ocultar la verdad, como quien busca tapar el sol con un dedo.

Intenta desaparecer las largas colas que debe hacer la gente para comprar alimentos, aspirando así acabar con el grave problema de escasez que sufren los venezolanos, y que es reflejo de la crisis económica que no ha tenido respuesta de su parte.

Según lo dijo el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, el 13 de enero pasado, “este es un pueblo feliz y todas las encuestas lo dicen, este es un pueblo atendido”, pero la cola en el supermercado no es reflejo precisamente de lo felices que son los venezolanos.

El gobierno ha amenazado a los comercios que tengan colas fuera de los locales acusándolos de querer promover una sensación de desabastecimiento.​

Así que las colas deben hacerse adentro. El calor de medio día las agudiza porque cientos de personas, agolpadas en todos los pasillos de un automercado, deben hacer la fila dentro del local para poder comprar azúcar.​

Las empresas que permitieron colas y sensación de desabastecimiento han corrido con peor suerte, como una red de farmacias y tiendas de conveniencia, que tienen a sus ejecutivos presos e imputados por boicot y desestabilización económica, delitos con penas de hasta 12 años de prisión y confiscación de sus bienes.

“No me siento más feliz”, dice Ricardo Contreras, un obrero de 30 años. “Para ellos todo está bien, pero nosotros somos los que estamos pasando las dificultades. Tengo cuatro horas haciendo cola por dos kilos de azúcar y mi bebé en los brazos”, se queja.

Al caminar con dificultad entre las personas se repite la imagen: carritos de compra en los que el único producto que va es azúcar, y solo dos kilos por persona.

“No me siento feliz”, también repite la frase como respuesta Eduardo Sánchez, un docente de 43 años.

“¡Mira la cola que estoy haciendo! Tengo que pedir permiso en mi trabajo, y cuando no, estoy como hoy en mi hora de almuerzo haciendo cola para poder comprar”, se lamenta Sánchez.

“Ahora tenemos que hacer la cola en Farmatodo [la red de farmacia contra la que actuó el gobierno] en el sótano, en los estacionamientos para que la gente no vea la cola en la calle y vea que hay patria, como dice el gobierno”, ironiza Sánchez, recordando la frase que dijo el fallecido Hugo Chávez el 8 de diciembre de 2012 en su última alocución antes de viajar a Cuba: “¡Qué nadie se equivoque, hoy tenemos patria”.

Hay otras personas en la fila, como Carolina Martínez, una profesora de 55 años, que, para responder si es más feliz en la actualidad, se remonta a otra de las polémicas decisiones del gobierno: la creación del Viceministerio para la Suprema Felicidad Social del Pueblo, (2013) una oficina para gestionar las “solicitudes de ayuda que recibe el presidente”.

“Más feliz no, –dice Carolina– pero yo pregunto, si un día me siento triste ¿puedo llamar al ministerio de la Felicidad para ver si me pone en buen estado, que me cuente un chiste o me resuelva mi problema? En el mundo de él quizás sean felices, pero en este no”.

En el más reciente sondeo de opinión de la empresa Delphos, 80% de los venezolanos culpa a Maduro de sus problemas.​

Pero no todos piensan igual y hay quienes, en medio de la cola, manifiestan sentirse felices.

Luis, de 40 años, y dedicado al trabajo de construcción, quien también estaba haciendo la cola en su hora de almuerzo, fue parco al responder si era más feliz ahora. “En mi caso sí soy feliz, porque tengo vida y salud”, dijo, cortando cualquier posibilidad de repregunta.

Si tenía preferencia política o no por el gobierno, Luis también estaba haciendo la cola, porque ningún venezolano, común y corriente, escapa de la realidad que los consume: la escasez, el desabastecimiento, la inflación, que el gobierno justifica haciéndose la víctima de una supuesta “guerra económica” que dice estar combatiendo para la tranquilidad de la población.

Publicado en voanoticias.com

Blog de la periodista Aymara Lorenzo