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Con ají de tres colores

A los 30 años, el peruano Rafael Piqueras se destaca en la constelación gastronómica del país suramericano como una de sus estrellas más brillantes, con una propuesta creativa, basada en ingredientes autóctonos –muy especialmente los que prodiga la pesca en el Pacífico– y que no desatiende los sincretismos culturales mestizos ni las técnicas modernas. Fue uno de los actores invitados a Madrid Fusión de 2004, y el año pasado, en Caracas, mostró destrezas y echó los cuentos, en el marco del V Salón Internacional de Gastronomía.

El compás de la música le imprime ritmo al cuchillo. Como si fuera un estudio de televisión, de ésos a los que todavía no ha decidido retar, Rafael Piqueras y su ayudante van disponiendo sobre el mesón ingredientes y utensilios. Como toda una estrella, y vaya que lo es, este peruano de pura cepa va saludando a los cientos de acólitos que, atraídos por el secreto que depara su arte, aguardan atentos el inicio de la demostración.

En un recinto de alta tecnología, dispuesto para la ocasión, va probando, sintiendo el calor del fogón, uno que quizás no se parece al de su abuela, en el que laboraba Marcelo, su mayordomo, su primera inspiración, su primer acercamiento a las brasas, a quien dedica el libro que le publicó el año pasado el Comercio de Perú. Ensaya la tabla, le imprime fuerza para saber si resistirá sus cortes, las cadencias del cuchillo. Seducidos el gusto y el olfato por productos que recuerdan el altiplano peruano, Piqueras busca el significado de los sabores que va catando antes de comenzar la demostración. Es una interacción entre la boca y su piel lo que le permite dar el valor justo a los aromas, colores y gustos. Prueba el audio. Ajusta a su cabeza un auricular para que el público escuche sus comentarios. Ahora, mientras el anfitrión presenta a Piqueras, el chef observa atentamente todo lo que sucede a su alrededor. Apoyado sobre la mesa parece evocar cada una de las lecciones de su maestro de kung fu. Concentración y meditación. Bajo estas consignas se dispone, cuidadosamente, a darle cuerpo a lo que se propone.

Ajíes, los primeros protagonistas, rojo, verde y amarillo, se preparan para cubrir, con su dulce candor y su picante abrasador, un pescado fresco. “El secreto está en conservar sin congelar, porque el pescado evoluciona”, dice Piqueras a los presentes. “La soya es una espuma salada; por eso tenemos que usar algún elemento dulce, como la salsa de durazno con culantro picado y hierbabuena”, comenta el joven comandante del restaurante Fusión, quien incorpora luego yogurt, mayonesa y wasabi togarashi (aceite de pimientas japonesas) a su preparación en vivo. “Lo importante es que el pescado y sus salsas lleguen fríos a la mesa para preservar sus cualidades”, explica al público que, hace ya casi un año, presenció la actuación que realizó durante el V Salón Internacional de Gastronomía.

No le gusta ponerle nombre a los platos, pero esta noche lo ha hecho ante sus espectadores: “Aquí la causa de los locos Adams”. Así bautiza la reinterpretación que hace de un plato tan icónico como la causa limeña. “Pueden hacerse de lo que uno quiera: de mariscos, de vieras vivas si se consiguen… Ahora, en toda causa el producto debe ser protagonista, debe sentirse todo su sabor”. Con la postura de un practicante de kung fu, se aproxima a su objetivo. Cuidadosamente, toma con sus manos los elementos que combinará en sus platos para exhibir su performance.

La vocación llama
La infancia y juventud de Rafael Piqueras transcurrieron en Lima como la de cualquier joven que tiene la suerte de nacer en una holgada cuna, en la que, por suerte, no le fue ajena la cocina, en buena parte gracias a su añorado Marcelo. “Recuerdo el fogón porque era antiguo; no era peruano, se lo habían traído a mi mamá de fuera. Una imagen recurrente es la de Marcelo trayendo las baguettes. Se iba en bicicleta a hacer las compras”. De su mano descubrió el cau cau, a base de papa, y el mondongo con hierbabuena y ají amarillo. “Hay platos que él preparaba que no he vuelto a probar”.

De regalo de Navidad Piqueras solía pedir utensilios para el oficio. Y no tardó mucho, entre la infancia y la juventud, cuando se tienen los amores que nunca se olvidan, para seguir los pasos que le indicaba el corazón. A los 17 años se inició en los asuntos de la cocina novoandina que impulsaban Cucho La Rosa y Bernardo Roca. Esta escuela nació del interés de los nuevos cocineros del antiguo virreinato por retomar el complejo pasado, así como los sabores milenarios que conjugan el océano Pacífico con el altiplano, recreando y rescatando ingredientes autóctonos del Perú hasta entonces relegados a un segundo plano.

Piqueras pasó por las aulas del Cordon Blue antes de seguir rumbo a Italia, en donde fue recibido por Antica Osteria y Da Guido. “Mi vida cambió al salir del Perú. Aprendí a vivir y a cocinar. Tuve la suerte de irme, fueron cuatro años importantes. Me daba lo mismo cuánto me pagaban, iba y trabajaba. Las pastas las aprendí de una señora como la nona en Italia, tenías que ganarte el piso”. La bota italiana dejó profunda huella en Piqueras: “El hecho de trabajar con la cocina tradicional, con esa exquisita materia prima, que es estupenda en cada temporada, disfrutar de cada producto en su momento es algo que me marcó muchísimo. Conocer el ingrediente in situ, luego trabajar en un restaurante italiano moderno, ir a las fábricas de queso, de aceto balsámico, conocer lo que no sale de Italia para saber cómo es realmente y no dejarse engañar luego por sucedáneos…”

Más tarde, en España, conoció el boom vanguardista y trabajó con Joan Rocca. “Al final todo lo deconstruía, lo volvía helado, espuma, por inmadurez. Creo que en este momento tengo una paleta culinaria mucho más clara, más definida. Lo que estoy haciendo es más mío: buscar los elementos que fluyan en mi propuesta”.

Aprendiendo con Toshiro
En 2001 regresa al Nuevo Mundo para renovar la visa. La rosa de los vientos acabó embarcándolo a Chile. Sin embargo, su gran reto fue el que nuevamente lo esperaba en Perú, en donde estuvo al frente de la cocina de la cadena de Sonesta Posada del Inca, con sede en distintas localidades y cada una con sus propias exigencias y particularidades. “El caucho es parecido al chupe, aunque distinto. Tomé las papas y las volví milhojas. Había gente que me criticaba. El limeño con el arequipeño es como Cataluña con Madrid. Arequipa, con una tradición gastronómica diferente, era y es más complicada. En cambio cocinar en Cusco es otra cosa: todo es en olla de presión, métodos diferentes, porque la presión, naturalmente, influye en los alimentos”.

En su propuesta culinaria reconoce las influencias de Teresa Izquierdo, como modelo, y de Toshiro Konishi como mentor. “Teresa representa la tradición, y Toshiro la búsqueda de la perfección de la materia prima. De él he aprendido todo lo que tiene que ver con el pescado y cómo asumir la profesión de una manera honesta. No me especializo en cocina japonesa, no hago un roll, pero aprendí mucho de ella. Me ha servido para adquirir técnicas para reconocer un pescado. Recurro a ingredientes japoneses, texturas crujientes, contrasto lo dulce con lo salado”.

De tanto coquetear con la vanguardia, se encontró en un callejón sin salida y decidió hacer tabula rasa. Y entonces comenzó a experimentar uno a uno los sabores con la reconstrucción de los alimentos. Esto ocurrió a los 26 años. Había asistido al Ritz para presentar su cocina, bastante enmarcada en lo que conocería luego como molecular. Pero se da cuenta de que no tendría cabida en la mesa peruana. “Si es cocina molecular, puede llamarse así, pero de alguna manera me di cuenta de que el peruano no estaba dispuesto a probar esta comida”. Acepta que en Perú hay cierto recelo en torno a esta moda: “No se les puede presentar un helado de carapulcra o un helado de ceviche porque lo rechazan; entonces uno se puede divertir haciendo esas cosas pero hay que ir con calma. Hay que dar al plato ciertas pinceladas modernas que lo realcen, pero que no le creen una confusión al cliente. La idea es hacer fusión y no crear confusión”.

Mientras estuve en cadenas de hoteles hice un examen y un mea culpa. En fusión hago hoy en día una propuesta personal. Ese cambio obedece a que estoy interesado en que conozcan la preparaciones criollas”.

Su majestad el pescado
La sonrisa pudiera ser su tarjeta de presentación. Blanco como la leche, y bien guardada en sus genes la traza inca. Rafael Piqueras es en sí mismo una sola fusión. Ancestro inglés, español e italiano corre por sus venas, y esa mezcla resulta clave para comprender su filosofía culinaria. “Cocinar es una muestra de cariño. Para sentir los ingredientes los proceso y los como antes, porque si el plato me genera sensaciones también las va a generar en la gente. Y para mostrar su cariño el comensal y entregarse a esa relación de amor se ofrece en cuerpo y alma en la carta de su local llamado Fusión, en el tope de la moda, y que, en menos de dos años, ya tiene en su haber el galardón que otorga el Comercio de Perú como mejor restaurante.

Diseñó la cocina y en el decorado se percibe la huella de su madre, coleccionista, quien le enseñó a apreciar todas las manifestaciones artísticas. “Suena medio obvio pero en el restaurante tiene que sentirse la impronta del chef”, comenta. Pero un chef no está solo y por eso reconoce que lo más difícil es armar un equipo: “Antes era muy rígido, tiraba los platos, ahora trato de corregirlos”. Y en el empeño pone en práctica sus vivencias en el milenario arte marcial. “He incorporado su filosofía de concentración, y los momentos de creación los acompaño con música clásica, si es temprano, y en las tardes con los Rolling Stones, Pearl Jam, música chill out o brasilera”.

La elaboración de la carta también implica un momento de creación. “Todo nace del producto, desde que veo algo en el mercado que me gusta. Sabores y olores que son recuerdos de mi infancia: alfajores, granadilla con mandarina”. Y siempre el ineludible pescado: “Es algo que no puedo dejar de usar, me fascina. Asimismo, soy enemigo de una salsa encubridora. Para mí, Toshiro y Teresa son la búsqueda de la perfección de la materia prima y eso es respeto por el cliente.

En Perú hay toda una cultura en torno al pescado. En España, en cambio, se hacía cocina peruana pero distorsionada. ¿Por qué? Porque cuando se prepara un ceviche, por ejemplo, el protagonista máximo es el pescado. Si se agregan ingredientes que no son, ¿entonces para qué poner un pescado de buena calidad? Y si cada especie propone una manera de hacer ceviche, entonces hay componentes como la cebolla y su corte, formas y detalles que me indican que no conocen el plato”.

Piqueras está seguro de que ahora sí está instalado en la fusión. Recuerda una portada de una publicación de su país en la que figuran Toshiro Konishi, una mujer de ascendencia africana y él, como para ilustrar la esencia de una cocina mixta como es la peruana. “Estoy en el proceso de cambio de carta, en la búsqueda de reencontrarme con la tradición. Es una suerte de reflexión en torno al hecho de que tenemos hoy en día en Perú oficiantes jóvenes para hacer una cocina moderna afianzada en grandes maestros con experiencia. Yo mismo soy producto de esas personas”. Así como en el jazz donde el soul es la improvisación del alma, igual sucede en los fogones. Para este joven cocinero que ya tiene un espacio en el mundo gastronómico peruano, “el reto es tomar los sabores típicos peruanos y fusionarlos en la búsqueda de esas nuevas sensaciones. Si no se improvisa el aburrimiento es inevitable”.

Restaurante Fusión. Choquehuanca 714, San Isidro. Telf. 427.27600. Lima

La guerrilla colombiana podría encontrar en la minería nueva fuente de financiamiento

El expresidente de Colombia Andrés Pastrana (1998-2002) está en Venezuela por 48 horas para participar como conferencista en el foro “Valor de la empresa privada para la sociedad” en el 40º aniversario de Consecomercio.

Tuvo la valentía de plantear la pacificación de Colombia por la vía de la negociación. Hace 10 años la guerrilla le tomó la palabra pero le exigió la zona de distensión, decisión calificada como un error del gobierno con la que se reagrupó y fortaleció. Su aporte es haber creído en la paz a través de la negociación lo que permitiría llegar a un arreglo sin derramamiento de sangre. Observa como buena cualquier acción para recomponer las relaciones entre Venezuela y Colombia.

Mirar Colombia hacia dentro es necesariamente poner la atención en la guerrilla y el narcotráfico. Pero al voltear la vista hacia el lado derecho, indefectiblemente el asunto tiene nombre y apellido: Venezuela

-¿La relación binacional es un divorcio con hijos?
Lo que hay es un asunto más que relaciones comerciales. Hay que recomponer el matrimonio. Hay temas comunes a ambos países como el comercio y el narcotráfico que si se refuerzan y combaten se benefician el desempleo y la economía binacional.

-Ha habido una guerra quirúrgica con un alto costo para la guerrilla, pero de forma paralela un proceso de desmovilización que permite ahora precisamente, por ejemplo, la licitación de unos 4000 contratos de minas en algunas zonas donde operaba.
Mi gobierno entregó unas doscientas licencias. Uribe entregó más de cinco mil. ¿Quién las tiene? ¿Cómo las tienen? nadie los sabe. Pero no es solo en las zonas de desmovilización. El tema va más allá porque se plantea el problema de la protección de parques naturales. Estas licencias mal manejadas pueden convertirse en focos de financiamiento de los “para” y las FARC. Creo que el gobierno es consciente de esto. Lo que estamos pidiendo es que se conozca. Hace una semana el gobierno creó la agencia de minería. Ya comienza a verse grupos de FARC en las zonas.

-¿Cómo evalúa los diez años de comercio binacional, de su gobierno al de Santos, tomando en consideración la caída de la balanza comercial de 7 mil a 1.700 millones de dólares?
El daño por el cierre de la frontera se hizo ya. Pero lo importante es recuperar los mercados, no la deuda. Lo que estamos viendo en el cierre es que entra Brasil a sustituir a Venezuela. Se perdieron los negocios. Lo que nos está permitiendo la baja inflación es el crecimiento económico. El país va a cambiar, pero el invierno es un problema. Reconstruir debe ser la prioridad porque son 5 millones de damnificados. La estrategia internacional es el fortalecimiento económico, que es fundamental. Tenemos moratoria de entrada a la APIC aunque ya se han adelantado las firmas del TLC con Estados Unidos y tratados con Canadá, Europa y Asia. Tenemos que proteger al sector industrial.

-¿Y al ciudadano puede protegérsele con una ley de costos?
Hoy creemos en la economía social de mercado. La ley de costos Colombia ya la dejó atrás. La gran tarea es disminuir la pobreza.

– A la vuelta de diez años ¿cómo concibe la hoja de ruta para lograr la paz en Colombia con el tránsito de una narcoguerrilla que pareciera llegó a instaurar un Estado dentro del Estado?
Creo que sí se puede lograr la paz. Buena parte del éxito se debe al Plan Colombia, pero no creo que haya existido un Estado dentro de Estado, porque la guerrilla no controló nunca ninguna parte del territorio. Pero la paz depende solamente de las FARC, se pararon de la mesa, le incumplieron al país. Se sentarían en la mesa si fueran inteligentes, pero están llegando los jurásicos e implementan de nuevo la guerra de guerrillas y no entienden que todo pasa por la comunidad internacional. Tendrían que comenzar con un gesto de buena voluntad y liberar a todos los secuestrados. Luego erradicar el secuestro como arma política y tercero tomar la decisión de continuar esta guerra como la estamos llevando o sentarnos a hacer un proceso de paz. Están en un punto de inflexión.

-¿Qué importancia tiene en ese punto de inflexión el gobierno del presidente Chávez? Recordemos la supuesta presencia de Timochenko en Venezuela denunciada por la prensa colombiana
Si fuera verdad la presencia de Timochenko en Venezuela lo supiera Santos, y si fuera así, y hubiera pruebas, ya hubiera reaccionado él y toda Colombia en torno al gobierno de Venezuela. Pero yo voy más allá porque los países que le dan espacio a la guerrilla terminan sufriendo los problemas y consecuencias del terrorismo.

-¿Qué opinión le merece la reunión que sostendrán los presidentes Chávez y Santos en Caracas el próximo 28?
Muy buena, porque todo lo que sea distensionar las relaciones entre Venezuela y Colombia es bueno, porque Venezuela era el segundo socio comercial. Tenemos que recuperar la confianza entre los dos países.

-¿Qué tan lejos está Colombia de que pueda ocurrir con la guerrilla lo mismo que está ocurriendo con ETA en España? ¿Sería posible o necesaria una reedición de la constituyente para integrar a la guerrilla al sistema político como sucedió con el M19? ¿Podría darse el fin de la rebelión por medio de una evolución en el concepto de la ciudadanía?
Lo veo lejano. Existe una discusión interna fuerte. Nos equivocamos en que Cano era el ideólogo. Timochenko puede reunir los dos elementos. El militar y el ideológico. Cano no los tenía y nunca creyó en la negociación. Con la caída del muro de Berlín la guerrilla de hoy está totalmente desvirtuada, hoy es el negocio de la droga para tratar de mantener una revolución que no tiene el arraigo que un momento dado pudo haber llegado a tener. La guerra militar ha cambiado.

-¿Siguen presentes las fallas en el Estado como para que tenga éxito el planteamiento que llevó al triunfo a Gustavo Petro en la alcaldía de Bogotá?
No son fallas sino fortaleza. Los espacios se ocupan o los ocupan.

-¿Puede haber paz perpetua en Colombia?
Sí. El gran problema es la herencia de Uribe, los paramilitares.

-Usted fue propiciador del diálogo con la guerrilla durante su gobierno. Vislumbra que algún día en Colombia pueda hablarse de la paz perpetua que plantea Kant. ¿Cómo se entiende la contradicción de la existencia en América Latina de constituciones kantianas y sociedades hobbesianas?
La reforma de la Constitución pasó por un proceso constituyente. El régimen colombiano era presidencialista absoluto. Seguimos teniendo deuda, no solo Colombia, que es la deuda social. Nosotros apostamos a la paz, Uribe a la guerra. Creo que las FARC nunca estuvieron preparadas para un proceso de paz.

-¿Hay caudillismo moderno en Colombia? ¿En qué estadio entiende que está la relación gobierno-ciudadano, ciudadano-gobierno?
No veo un caudillismo moderno en Santos. Lo que ha hecho es buscar un acuerdo nacional. No hablaría de un caudillismo. El gobierno ha madurado y es distinto del gobierno de Uribe. Aquí estamos hablando de programas y planes específicos. Hay un nuevo régimen de regalías.

-Habida cuenta de las bajas, tanto para las fuerzas militares colombianas como para la guerrilla durante los últimos 3 años, ¿puede hablarse de un proceso de paz en este momento en Colombia?
Es una respuesta de sí y no. No es la verdadera respuesta atacar un proceso de paz porque alguna de las partes tenga las manos llenas de sangre.

-El baño de sangre también es en el gobierno de Santos…
Con las FARC y los paras tendremos que buscar la forma. Tenemos la ayuda internacional.

-¿Se arrepiente de alguna decisión durante su gobierno?
No. Esa pregunta me la hacía el día antes de salir de la presidencia. Tristemente no logramos la paz. La guerrilla no fue capaz de entender la paz.

-¿Perdonaría Pastrana?
No se trata de perdonar, se trata de informar. A mí me eligieron para hacer la paz. A Uribe lo eligieron para hacer la guerra.

“La dirigencia política tiene que construirse desde los barrios”

Trabajador no es solo aquel que lo hace por una remuneración o un salario como medio de subsistencia. Trabajador es también aquel que por una cuestión de principios, valores o simplemente de sueños desea tener un mejor entorno, y cree que la única forma de hacerlo es con el trabajo social y comunitario que contagia motivación para construir un mejor país. Simples pero profundas son las causas que llevan a Jorge Rodríguez a reflexionar sobre ese trabajo cuya mejor paga es la consolidación de un movimiento social con espacio propio y que los partidos políticos, de gobierno y de oposición, comprendan que es el ciudadano o “el pueblo” como les gusta llamarlos a quien se deben en el ejercicio de la política.

Su rápido hablar denota la premura de quien quiere hacer y no perder tiempo. Y es que Jorge Rodríguez, el bueno, como se presenta, a los 13 años, es decir hace 40, comenzó con un grupo de títeres en el Barrio Unión de Artigas, en Caracas, su acercamiento a la comunidad desde los problemas de su escuela. Se fue al estado Aragua donde tuvo su primer contacto con la realidad que dibujaba el entonces recién salido de la cárcel comandante Chávez, en quien creyó como esperanza. A la vuelta de 12 años está convencido de que el trabajo para generar cambios en Venezuela tiene que ser promovido desde la base de la población, involucrando a cada una de las personas en el alcance de sus objetivos de vida y no esperando que un líder mesiánico, de cualquier tendencia política, sea hoy gobierno u oposición, dicte las líneas del país que se quiere.

-¿Qué es lo que motiva el trabajo social?
La indefinición de los trabajadores y de organización nos lleva a buscar la creación de un capital social para construir un modelo diferente que nos permita proteger el futuro. Como luchadores sociales le exigimos a las dos tendencias, porque la pelea ingrata y lo que hace es destruir al país. Las frases de amor que emite el presidente no se traducen en hechos concretos. El pueblo viene abriendo los ojos. La oposición y los políticos no han entendido que las falsas promesas y la ilusión se combaten con la construcción de un modelo de país. Por eso, con angustia, llamamos a todos los sectores del país. No soy enemigo del chavismo pero tampoco comparto lo del pasado. Las políticas públicas deben tener contenido social tangible, no como Mercal o las misiones. Estamos reclamando un espacio natural que le pertenece al país.

-¿Cómo se puede construir país desde el trabajo?
Con la relación que debemos tener con los modos de producción.

-¿Qué trabajo le exigen a los empresarios?
Que tienen que tener responsabilidad social, no como elemento de profilaxia sino como compromiso de desarrollo social del país.

-¿Cuál debe ser el elemento clave de ese trabajo?
En este momento la transparencia es básica. La delincuencia y la corrupción son alarmantes y eso afecta a los sectores populares. Los políticos se acostumbraron al marketing político y a los medios de forma narcisista y no han encontrado resonancia en las zonas populares. La desconexión política es impresionante. Hay como dos países. Un sector productivo que está deslindando y un sector popular que no termina de organizarse. Es necesario construir la esperanza de abajo hacia arriba, construir desde las bases.

-Pero para ese trabajo es necesaria una conexión entre esos dos países que advierte. ¿Cómo lograrla?
Con el contacto de frente con la gente. La gente quiere hablar, quiere ver a sus actores sociales hablando ante los medios de comunicación. Una democratización pero no como lo pretende el presidente. Los barrios estamos incluidos en la demagogia pero excluidos de los servicios públicos.

-Puede lograrse esa interrelación?
Con cruzadas de participación de todos los sectores sociales para darle estructura al modelo de país que queremos. No candidatos que salgan por los medios con una receta sino con la participación de todos. En Aragua el AD y COPEI eran el didalco-tablantismo. Después de 20 años ¿son alternativa? No dejan surgir e imponen candidatos y la sociedad no impone los suyos porque no está organizada. En estos doce años Chávez ha mercantilizado la política y no hay recursos para que el luchador social se comprometa. Después de Chávez se ha puesto más difícil hacer política y cuando él se vaya va a ser más difícil aún porque la gente va a querer respuestas inmediatas y la gente nueva ofrecerá nuevas expectativas. Una campaña para derrotar tiene que tener una campaña explicativa sin engaño.

-¿Cómo debe ser esa campaña para la construcción de un país que no sea solo desde la forma tradicional de hacer política?
Debe construirse desde el diálogo y desde el trabajo de formación de un liderazgo colectivo formado desde abajo, con diálogos abiertos, sin estigma ni esquema. Donde sopesamos problemas comunes, donde hay una cloaca no hay colores políticos porque nos afecta a todos. Cuando terminamos las discusiones nos damos cuenta de que los problemas van más allá de lo local porque son reflejo de la inexistencia de mecanismos de poder. No tenemos en las manos los canales de solución porque están secuestrados. Los políticos no entienden que la solución a las promesas y la demagogia es la construcción de un país desde abajo. No es una solución mágica mesiánica sino de trabajo compartido. Ellos creen que la solución está en cambiar a un Chávez por otro, a un color por otro.

-¿Hay diferencia entre el luchador social de hace doce años y el de ahora?
Los luchadores sociales gozamos de autoritas en los barrios. El concepto amplio de ciudadano y buen vecino es vital para ser luchador social. Se construye al calor de la lucha social. Ahora está comprometido con los cambios. Es un liderazgo que nació de la crisis de 1983. Chávez con la economía del voto nubló a todo el mundo y llegó montado al poder sobre ese sentimiento de cambio, que luego se vio frustrado. Hoy nos estrellamos con una triste realidad. Cuando tú vas a un barrio hoy está peor que hace doce años. Los luchadores sociales nos sentimos engañados por este proceso.

-¿Cómo superar el desengaño sin que los paralice?
Eso es difícil. Hay que despertar nuevas banderas. En este momento de parálisis hay que construir nuevas esperanzas desde abajo con la gente. Construir una nueva cultura política. Hemos buscado a cientos de dirigentes para rescatar el contenido social de las políticas.

-¿Cómo se rescata el contenido social de las políticas?
Desde abajo con la participación de la gente.

-¿Qué características tiene que tener un luchador social?
Ser buen vecino y tener claro el concepto de ciudadanía, que los problemas de tus vecinos son tus problemas.

-¿A cambio de qué?
A cambio de nada, a cambio de la felicidad. A diferencia de los políticos, los politiqueros dan a cambio de votos beneficios. Lo lamentable es que los partidos han manipulado a los luchadores sociales a sus intereses particulares. Si los partidos entendieran lo que es un luchador social… A veces los partidos bombardean a los luchadores sociales, les impiden hacer su labor porque no están con el partido de turno. El compromiso trasciende la comunidad y podemos luchar para exigir la participación en las decisiones públicas de un país.